Análisis de Bran II, cuando Meera y Jojen le cuentan a Bran la historia del caballero del árbol sonriente durante el torneo de Harrenhal.

Volvemos una semana más con El Campeón del Torneo, sección en la que, como todos sabéis, estamos buscando el mejor capítulo de Canción de Hielo y Fuego. Y volvemos con una edición un tanto especial, no solo porque se trata de uno de los capítulos más intrigantes de la saga, sino porque además es la última antes del parón estival. Gracias a los antiguos dioses y a los nuevos, así como a Benioff y Weiss por ser tan exigentes, meticulosos y detallistas con su producción televisiva, este año podremos disfrutar de un verano algo más relajado. Eso no quiere decir que la actividad de la comunidad decaiga por completo, pues como veréis tendremos alguna pequeña sorpresa entre semana y todos los domingos seguiremos publicando vuestras consultas y ensayos.

Dicho esto, ahora sí, sumerjámonos en historias antiguas y viejos cuentos. bran ii de Tormenta de Espadas ha resultado ser el capítulo más valorado del joven Stark por esta comunidad. Ya sabéis lo que eso significa.

El caballero del árbol sonriente

Efectivamente, bran ii es el capítulo en el que oímos hablar por primera vez de la historia del caballero del árbol sonriente. Y parece comenzar con una declaración de intenciones:

—Arriba y abajo —suspiraba a veces Meera mientras caminaban—. Y abajo y arriba. Y luego arriba y abajo. Príncipe Bran, les estoy cogiendo rabia a estas montañas tuyas.
—Ayer dijiste que te gustaban.
—Y es verdad. Mi señor padre me había hablado de las montañas, pero hasta ahora no había visto ninguna. Me gustan tanto que me quedo sin palabras.
—Si acabas de decir que les estás cogiendo rabia —dijo Bran con una mueca.
—¿Por qué no puedo pensar las dos cosas a la vez? —Meera alzó la mano y le pellizcó la nariz.
Porque son todo lo contrario —insistió Bran—. Como la noche y el día, o el hielo y el fuego.
Si el hielo puede arder —intervino Jojen con su voz solemne—, el amor y el odio se pueden emparejar. Montaña o pantano, da igual. La tierra es una.
—Una —asintió su hermana—. Sólo que aquí está muy arrugada.

 

Teniendo en cuenta las intenciones políticas que, aunque sin confirmación canónica, parece que palpitaron en Harrenhal, quizá en un futuro entendamos esta declaración como un momento crucial de los dos grandes arcos que cruzan la saga, el del juego político y el mágico. Esto ha llevado a pensar a algunos que, de hecho, el origen del regreso de los Otros se fraguó de algún modo gracias a la hipotética magia que se utilizó en el torneo. Por extensión, para estos mismos, lo que sucedió durante el torneo de Harrenhal es el verdadero comienzo de Canción de Hielo y Fuego. Sea así o no, ambos lucen unos opuestos que no son tales. Y lo cierto es que, para los más fieles al R+L=J, es díficil no ver ya aquí, en esas comparaciones entre hielo y fuego, amor y odio y montaña y pantano una semilla más del romance entre la doncella lobo y el príncipe dragón.

La aventura principal, en un segundo momento, se encarga de afianzar el contexto en el que tendrá lugar la del caballero del árbol sonriente. Primero lo hace a través de una velada mención a los linajes que habitan las montañas, pues uno de ellos acompañó a Ned Stark al sur: Theo Wull, apodado el Cubos. No es complicado inferir cierta relación entre los acontecimientos que sucedieron en Harrenhal y los que ocurrieron en la Torre de la Alegría. Allí es donde, al menos, descansan los huesos del Cubos. Poco después, los Stark aparecen en el Norte como garantes de seguridad y orden, y este es uno de los puntos que luego sobresalen al leer la historia del caballero del árbol sonriente, ya que los acontecimientos se precipitan con la defensa que la doncella lobo hace de uno de los vasallos de su padre. En este caso, Martin se sirve de un encuentro fortuito y misterioso con un viajero. No saber exactamente su identidad refuerza asimismo el realismo de la historia si lo comparamos con la desconocida identidad del caballero del árbol sonriente:

—Entrad y junto al fuego calentaos —les gritó una voz de hombre—. Para protegernos de la lluvia a todos hay piedra suficiente.
Les ofreció tortas de avena, morcillas y un trago de la cerveza que llevaba en un odre, pero no les dijo su nombre; tampoco les preguntó los suyos. Bran supuso que se trataba de un Liddle. El broche con que se sujetaba la capa de piel de ardilla era de oro y bronce con forma de piña, y en la mitad blanca de los escudos verdiblancos de los Liddle había piñas.
—¿El Muro está muy lejos? —le preguntó Bran mientras aguardaban a que cesara la lluvia.
—No muy lejos para el cuervo que vuela —respondió el Liddle, si es que lo era—. Más lejos para los que de alas carecen.
—Si hubiéramos ido por el camino real… —empezó Bran.
—Ya estaríamos en el Muro —terminó Meera al unísono con él.
El Liddle sacó una navaja y empezó a tallar una ramita.
Cuando un Stark había en Invernalia, una virgen podía ir por el camino real con su vestido del día del nombre sin que nadie la molestara. Encontraban los viajeros fuego, pan y sal en muchas posadas y fortalezas. Pero más frías son ahora las noches, y las puertas cerradas están. Hay calamares en el Bosque de los Lobos, y en el camino real hombres desollados preguntan por forasteros.
Los Reed se miraron.
—¿Hombres desollados? —inquirió Jojen.
—Los muchachos del Bastardo, así es. Estaba muerto, pero ya no. Y pagan plata mucha por pieles de lobo, ha oído uno, y tal vez oro a cambio de noticias de cierto muerto que camina. —Al decir aquello miró a Bran y a Verano, que estaba tendido junto a él—. Y en cuanto al Muro —siguió—, no es lugar al que uno querría ir. El Viejo Oso fue con la Guardia a los bosques encantados, pero sólo volvieron los cuervos y sólo uno llevaba un mensaje. «Alas negras, palabras negras», mi madre solía decir, pero me parecen más negras cuando los pájaros vuelan en silencio. —Hurgó en la hoguera con el palito—. Cuando había un Stark en Invernalia era diferente. Pero el viejo lobo ha muerto, el joven se ha marchado al sur para jugar al juego de tronos, y sólo nos han quedado los fantasmas.
—Los lobos regresarán —dijo Jojen con solemnidad.
—¿Cómo tú lo puedes saber, muchacho?
—Lo he soñado.
—Algunas noches sueño con la madre que hace nueve años enterré —dijo el hombre—, pero cuando despierto, no ha vuelto con nosotros.
—Hay sueños y sueños, mi señor.
—Hodor —dijo Hodor.

 

De hecho, el Liddle incluso se sirve de apelativos muy similares a los utilizados por los lacustres a la hora de contar su historia para referirse a los Stark. Sea como fuere, así es como Martin trata de señalarnos que el pequeño cuento que vamos a escuchar es cierto, es decir, que ocurrió en realidad. Es por eso por lo que Jojen cree que Bran habrá escuchado ya la historia. Sin embargo, no es así, y Martin seguirá reforzando esta sensación de realismo de la historia con la extrañeza que el desconocimiento de Bran de importantes episodios del pasado reciente de Poeniente genera en los lascustres. Dadas las reservas de Ned Stark a la hora de hablar de la rebelión de Robert, Bran interpreta el relato como si fuera uno de los cuentos de la Vieja Tata, sin ser del todo consciente de que los hechos narrados fueron verdaderamente importantes para su familia. Es posible que, si las cosas hubiesen sido diferentes en Harrenhal, Bran ni siquiera hubiera nacido.

—Hubo una vez un caballero en el año de la falsa primavera —dijo Meera—. Lo llamaban el Caballero del Árbol Sonriente. Es posible que fuera un lacustre.
O tal vez no. —El rostro de Jojen estaba oculto entre sombras verdes—. El príncipe Bran habrá oído esa historia mil veces, estoy seguro.
—No —dijo Bran—. No la conozco. Y aunque me la supiera, no importa. A veces la Vieja Tata nos contaba la misma historia dos veces, pero si era buena no nos importaba. Nos decía siempre que las historias viejas son como los viejos amigos, hay que visitarlas de cuando en cuando.

 

Dejando de lado lo irónico que es que sea Bran quien hable de revisitar las viejas historias teniendo en cuenta todo lo que va a ver gracias a sus poderes desde la cueva de Brynden, esta posición de Bran, en la que le vemos escuchar la historia como si de un cuento se tratase, se va construyendo luego con los comentarios y reacciones del joven ante los defectos o incongruencias de la historia. Lo cierto es que, aunque interesante, para Bran la historia tiene algunos fallos:

—¿Y qué pasó después? ¿El Caballero del Árbol Sonriente ganó el torneo y se casó con una princesa?
No —dijo Meera—. […]
Vaya. —Bran pensó un rato en la historia—. Ha estado bien. Pero tendrían que haber sido los tres caballeros malos los que le dieran la paliza, no sus escuderos. Así el pequeño lacustre los podría haber matado a todos. Lo de los rescates es una tontería. Y el caballero misterioso tendría que haber ganado el torneo derrotando a todos los que lo desafiaran, para nombrar reina del amor y la belleza a la doncella lobo.

 

A nivel narrativo esto es importante. Por una parte, porque en la realidad los acontecimientos no se suceden armónicamente como sí ocurre en los cuentos. Y, de hecho, esta es una de las formas que tiene Martin para seguir destruyendo clichés y lugares comunes. Bran intenta adelantarse continuamente a lo que va a suceder en la historia, puesto que tiene numerosos referentes desde donde poder adivinar los movimientos. Recuerda las andanzas del Caballero Dragón o de Ser Barristan para averiguar cuándo hará acto de presencia el caballero del árbol sonriente, pensando que los tópicos del resto de historias le van a servir de ayuda. Pero no es así, de tal modo que Martin parece introducir en la breve historia del caballero del árbol sonriente una pequeña síntesis del estilo utilizado en Canción de Hielo y Fuego. Comienza con un gran enigma, que en este caso es la identidad del lacustre, abre nuevos y misteriosos frentes narrativos conforme avanza la historia (los hombres verdes, la coronación, el amor) y no finaliza del modo en que uno se esperaba que lo hiciera, ya que todo lo que ha leído hasta entonces sirve de poca ayuda para predecir nada. ¿Lo conseguirá? Tal vez.

Lyanna Stark por Jubah

Lyanna Stark por Jubah

La segunda razón de la importancia de estos “fallos” en el cuento se debe a que, en realidad, la historia del caballero del árbol sonriente no es un cuento. Es decir, algo sucedió en el torneo de Harrenhal que no debería haber ocurrido. Y Bran, gracias a su código para interpretar cuentos, fraguado gracias a la comparación de historias, da en la tecla: debería haber sido el caballero misterioso quien coronara a la doncella lobo. Como todos sabemos, no fue así, y posiblemente tampoco fuera el joven lacustre quien se escondiera detrás de un escudo con un arciano sonriente pintado. Más que nada, porque eso es lo que cree Bran, y Martin le hace decirlo en un momento en el que, teniendo en cuenta el punto anterior, se despiertan nuestras suspicacias:

—Es posible. El caballero misterioso inclinó su lanza ante el rey y cabalgó hacia el final de las lizas, donde estaban los pabellones de los cinco campeones. Ya sabes a cuáles desafió, a tres.
—El caballero puercoespín, el caballero horquilla y el caballero de los torreones gemelos. —Bran sabía suficientes historias para imaginárselo—. Era el pequeño lacustre, os lo había dicho.

 

Pero no es tan complicado que lo fuera la propia doncella lobo, Lyanna Stark. En efecto, todo parece indicar que Lyanna se tomó la justicia por su mano y ayudó a salvar el honor del pequeño lacustre. Hay diversos indicios que apuntan en esa dirección, más allá del físico del misterioso caballero y de la sangre de loba que caracterizaba a Lyanna:

  • El propio Bran señala que el pequeño lacustre debería haberse enfrentado directamente con los caballeros y no con sus escuderos, sin embargo fueron estos últimos los que buscaron pelea. Desconocemos las intenciones de Martin, pero sin duda quiso ofrecer un marcado carácter feudal a los desencadenantes de la historia, más allá del propio torneo en el que todo tiene lugar. De hecho, no solamente nos encontramos con la evocación del Liddle sobre el buen vasallaje que ofrecía la casa Stark, sino que además lo ejemplifica con una virgen que anda por los caminos en su día del nombre, quizá en una clara referencia a Lyanna antes de ser “raptada”. Además, la joven loba actúa en cierto modo en base a esas relaciones vasalláticas (algo que además se observa en la narración al presentar también al lacustre a sus hermanos o, en otras palabras, a la casa Stark) y poco después, con las mieles de la victoria, el caballero del árbol sonriente simplemente demanda honor:

—Cuando un Stark había en Invernalia, una virgen podía ir por el camino real con su vestido del día del nombre sin que nadie la molestara.
[…]
»—Estáis atacando a un hombre de mi padre —aulló la loba.
—¿Una loba de cuatro patas o de dos?
—De dos —dijo Meera—. La loba atacó a los escuderos con una espada de torneo y los puso en fuga. El lacustre estaba magullado y ensangrentado, de modo que se lo llevó a su madriguera para limpiarle las heridas y vendárselas con lino. Allí conoció a sus hermanos de manada: el lobo salvaje que era su líder, el lobo silencioso que estaba a su lado y el cachorro, que era el más joven de los cuatro.
[…]
»—Enseñad honor a vuestros escuderos, es todo el rescate que preciso

 

  • Tampoco es baladí que quien sugiera la venganza sea Benjen Stark. Y no lo es porque, como averiguamos más tarde, por norma general era el cachorro de Rickard quien participaba en las correrías de su hermana. Quizá fue esta iniciativa la que le llevó a vestir el negro en cuanto tuvo oportunidad, al percatarse de lo que este simple juego llegó a provocar posteriormente:

»—Te puedo conseguir un caballo y una armadura que te quede bien —le ofreció el cachorro.

tormenta de espadas, bran ii

De repente veía a dos niños bailar en el bosque de dioses, mientras se reían y luchaban con ramas rotas. La niña era mayor y más alta.
«¡Arya! —pensó Bran con ansiedad mientras la veía subirse a una roca y lanzar desde allí un ataque al chico. Pero era imposible. Si la chica era Arya, el chico tenía que ser Bran, y él nunca había llevado el pelo tan largo—. Y Arya nunca me atacaba de esa manera cuando jugábamos a las espadas». Golpeó al chico en el muslo, tan fuerte que le hizo perder pie. El niño cayó al estanque, donde se puso a gritar y chapotear.
—Cállate, estúpido —dijo la niña mientras dejaba su rama a un lado—. Solo es agua. ¿Quieres que te oiga la Vieja Tata y que corra a decírselo a Padre? —Se arrodilló y sacó a su hermano del estanque, pero antes de que lo hubiera conseguido, la imagen de ambos volvió a desaparecer.

danza de dragones, bran iii

 

  • Además, sabemos que Lyanna era una amazona excepcional y, por las palabras de Jaime, sabemos que ahí está una buena parte del éxito en una justa. Por supuesto, contra un excelente justador las cosas se complicarían, pero no sabemos de ningún gran caballero de torneo que vistiera una horquilla, un puercoespín o las dos torres Frey y que acudiera al torneo de Harrenhal:

—Brandon se crió como pupilo en Fuerte Túmulo con el viejo lord Dustin, padre del que luego fue mi esposo, pero se pasaba la vida cabalgando por los Riachuelos. Le encantaba montar a caballo, y su hermana pequeña era igual que él, ¡menudo par de centauros!

danza de dragones, el cambiacapas

Jaime siempre había pensado que tres cuartas partes del éxito en una justa dependían de la habilidad como jinete.

festín de cuervos, jaime ii

 

  • Así pues, ¿podría una mujer, y además norteña, hacerse pasar por un misterioso caballero y derrotar a tres caballeros en una justa sin que nadie la descubriera? Podría ser. De hecho, ya sabemos que bajo un yelmo las voces adquieren una extraña sonoridad pudiendo confundir a una mujer con un hombre, más todavía en una sociedad en la que todos ven lo que esperan ver. Lo que es más complicado es ver a un norteño despuntando en un torneo sureño, y más en las justas, algo que culturalmente está muy asociado con la tradición caballeresca ándala. Sin embargo, sabemos gracias a una muchachita muy similar a Lyanna que en Invernalia sí se practican las justas, aunque desconocemos desde cuándo. ¿Podría haberse entrenado Lyanna en el estafermo? Es muy posible:

El caballero azul se arrodilló ante el Rey.
—Alteza —dijo, con la voz distorsionada por el yelmo abollado.
—Sois tal como vuestro señor padre me dijo. —La voz de Renly recorrió todo el recinto—. He visto a Ser Loras descabalgado un par de veces…, pero nunca de esa manera.

choque de reyes, catelyn ii

—¿Harwin? —susurró Arya.
¡Era él! Debajo de la barba y el cabello enmarañados distinguió el rostro del hijo de Hullen, que solía llevarle el poni de las riendas en el patio, justaba contra el estafermo con Jon y con Robb, y bebía demasiado cuando había un banquete.

tormenta de espadas, arya ii

 

  • Por último, no podemos olvidar que si los lacustres están donde están cuando cuentan esta historia, es porque han ido a servir y defender a su señor, aquel que una vez los defendió a ellos, cumpliendo así su particular do ut des.

Pero si la historia del caballero del árbol sonriente se sostiene por sí misma es porque, más allá de la identidad del caballero, lo que sucedió en el torneo de Harrenhal fue importante en sí mismo. El asshaíta davidlomar2000, en su brillante análisis de este relato, establece una comparación entre lo sucedido en Harrenhal y la boda de Peleo y Tetis. A ella acudieron invitados todos los dioses, aunque debido al regocijo de los novios, se olvidaron de citar a la diosa Eris, quien de todos modos se presentó de improviso al banquete portando la manzana de la discorida, un regalo envenenado para Paris que causaría la caída de Troya. Paris debía coronar con ella a Hera, Atenea o Afrodita, decantándose finalmente por la diosa del amor. Davidlomar2000 sostiene los paralelismos señalando que, en Harrenhal, también se presentó un asistente de imprevisto, el propio lacustre; también se presentó una manzana y una elección, la corona de flores y Lyanna, y también se presentó la ocasión perfecta para que un joven se dejase llevar por sus sentimientos olvidándose de algo: la plegaria de Howland Reed, en su opinión, desencadenaría una antigua magia que convertiría al año 281 en el de la falsa primavera y al próximo invierno, en el definitivo. Este sería el precio a pagar por su venganza.

El lobo silencioso había ofrecido al menudo lacustre un lugar en su tienda para pasar aquella noche, pero antes de irse a dormir, se arrodilló en la orilla del lago, miró hacia donde debía de estar la Isla de los Rostros y rezó una plegaria a los antiguos dioses del norte y del Cuello

 

Y lo cierto es que si nos dejamos llevar por la parte más mística del relato, podemos ver cómo puede influir este en el arco de Bran más allá de ser el observador de todos estos acontecimientos. A fin de cuentas, este no deja de ser un capítulo de Bran y hay una serie de líneas recurrentes en torno a Bran y Hodor que nos permiten divagar un poco, pues esta historia de caballeros y sueños frustrados se narra en un momento en el que Bran y Hodor comienzan a identificarse como uno mismo más de lo que venía siendo habitual. No sabemos si desde aquí Martin pretende trabajar ese golpe de efecto del penúltimo capítulo de Bran en Tormenta de Espadas, cuando el joven adopta la piel del gigante bonachón, o más bien abrir una posibilidad a que Bran sea caballero. De hecho, el capítulo de Bran, quien se ha venido repitiendo constantemente durante todo el camino que quiere aprender a volar con el cuervo de tres ojos en un intento en vano por convencerse de que es verdad, finaliza así:

«Si el pequeño lacustre pudo visitar la Isla de los Rostros, tal vez yo también pueda. —En todas las historias se decía que los hombres verdes tenían extraños poderes mágicos. Tal vez pudieran hacer que caminara de nuevo, quizá hasta pudieran convertirlo en caballero—. Convirtieron en caballero al pequeño lacustre, aunque sólo fuera por un día —pensó—. Con un día bastaría

 

Si es Hodor el elegido para ser un caballero y pasar un día cumpliendo su sueño, Martin sembró este capítulo concienzudamente. Bran habla por Hodor, sabe la historia de Hodor; y Hodor es Bran. El pequeño utiliza al gigante para demandar la historia que quiere escuchar, señalando siempre primero que determinado tipo de cuentos no son del gusto del gigante. Por supuesto, es muy habitual entre los niños pedir algo para un tercero en vez de para sí mismo, pero es posible que aquí quiera decir algo más:

Hodor —dijo Hodor.
Hodor —asintió Bran.
Me parece que a Hodor le gusta cuando dices su nombre. —Jojen dio una patada a una piña.
En realidad no se llama Hodor —explicó Bran—. No es más que una palabra que dice siempre. Su verdadero nombre es Walder, me lo contó la Vieja Tata. Era su tatarabuela o algo así.
[…]
—¿Os sabéis alguna historia? —preguntó de repente a los Reed.
—Pues unas cuantas —dijo Meera entre risas.
—Unas cuantas —reconoció su hermano.
—Hodor —dijo Hodor canturreando.
—Pues podríais contar una —pidió Bran—. Mientras caminamos. A Hodor le gustan las historias de caballeros. Y a mí también.
[…]
No será una de esas historias de amor, ¿verdad? —preguntó Bran con desconfianza—. Es que a Hodor no le gustan.
—Hodor —asintió Hodor.
—Le gustan las historias en las que los caballeros luchan contra monstruos…
A veces los caballeros son los monstruos, Bran.

 

Cualquiera que conozca a Gregor Clegane entiende esta última línea de forma muy clara. Pero… cualquiera que recuerde que Bran se adentra bajo la piel de Hodor en Danza de Dragones también puede entenderlo de otro modo. Los gritos de abominación del prólogo de Varamyr vienen pronto a la mente. No osbtante, quizá para Bran ser un caballero no sea poder andar con las piernas de Hodor portando una espada y un farol, como sabemos que hará próximamente en la cueva de Brynden, y acabe devorado por la impaciencia:

—Había cinco días de justas previstos —siguió—. Hubo un gran combate cuerpo a cuerpo de siete bandos, competiciones de tiro con arco y de lanzamiento de hacha, una carrera de caballos y un torneo de bardos…
Déjate de eso. —Bran se retorcía de impaciencia en la cesta a espaldas de Hodor—. Cuéntame lo de las justas.

 

Tal vez para Bran ser un caballero sea justar en uno de los más fastuosos e importantes torneos de la historia. Y, tal vez, también sea él quien escuchó una plegaria que nunca debería haberse pronunciado. Tal vez sea por eso por lo que la identidad del caballero misterioso sea poco importante en sí misma, puesto que el misterio radicaría no en quién estaría debajo de la armadura, sino quién manejaría los hilos bajo la piel que cubre el acero. Tal vez Bran decidiera revisitar una buena y vieja historia y lograra ser un caballero por un día, luciendo un blasón tan propicio como el de un arciano sonriente. O tal vez no.

Y ahora, vuestro turno: ¿qué destacaríais de bran ii de Tormenta de Espadas? ¿Quién creéis que fue el caballero del árbol sonriente? ¿Pensáis que el torneo de Harrenhal o la plegaria del joven Howland se acabará relacionando con la trama mágica de la saga?

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