Volvemos con otra edición de «Piedra, piedra piedra». Hoy, con la publicación de esta parte, damos por concluido el primer bloque de esta serie de ensayos; un primer bloque que, como hemos visto, se ha centrado en las acciones de Meñique durante Juego de Tronos: desde la metáfora del Valle que lo incrimina en el asesinato de Jon Arryn hasta las causas que propiciaron su muerte. Pues bien, hoy relataremos los hechos y consecuencias desencadenados por esas acciones. Si bien hoy apenas tropezaremos con piedras en el camino, pues ya sabéis que para eso hay que esperar, analizaremos algunos pasajes, picando y puliendo piedra, para comprobar segundas lectura e interpretaciones alternativas que revelen más de lo que en un principio pueda pensarse.


Deshonor

— Eduardo Baratheon —


En Juego de Tronos, tras la muerte de Jon Arryn, Robert necesitaba una nueva Mano del rey que gobernase el Reino en su lugar. El candidato idóneo no podía ser otro que aquel que junto a él se había alzado contra Aerys II. Aprovechando el viaje de Robert al norte, Meñique utilizó la carta de Lysa a modo de cebo y consiguió captar la atención de Ned Stark para que viajara al sur. Incluso antes de su llegada a la capital no dudó en ahondar aún más la enemistad entre norteños y occidentales. Así que, gracias al incidente de los lobos en Darry, Baelish consiguió hurgar en una herida reciente y, para rematar, señaló a Tyrion Lannister como culpable del intento de asesinato de Bran al ser, precisamente, el único Lannister ausente de los que visitaron Invernalia.

Ya en Desembarco del Rey, después de que Catelyn compartiese sus sospechas sobre la muerte de Arryn, Meñique comprueba que su plan ha funcionado y decide dar el siguiente paso. Cumpliendo con su promesa a Cat, acude a Eddard y le ofrece su ayuda informándole sobre los cuatro antiguos sirvientes que no partieron al Valle junto a Lysa. Entre ellos se encuentra ser Hugh, el antiguo escudero de Jon Arryn. Sin embargo, cuando Ned pretende hablar personalmente con ellos, Meñique evita que pueda hacerlo advirtiéndole de los espías que lo vigilan.

—Por los siete infiernos —maldijo Eddard Stark; detestaba aquellas intrigas. Era cierto, parecía que el hombre de la muralla lo vigilaba. Se apartó de la ventana, incómodo—. ¿Es que todo el mundo informa a alguien en esta maldita ciudad?
—No todo el mundo —replicó Meñique. Contó con los dedos de la mano—. A ver, estamos vos, yo, el rey… aunque, bien pensado, el rey le cuenta demasiado a la reina, y de vos no estoy del todo seguro. —Se levantó—. ¿Tenéis a vuestro servicio a algún hombre en quien confiéis plenamente?
—Sí —dijo Ned.
—En ese caso, me encantaría venderos un palacio precioso que tengo en Valyria —replicó Meñique con sonrisa burlona—. La respuesta más sensata habría sido «no», mi señor, pero si insistís… Enviad a ese ser maravilloso a ver a Ser Hugh y a los otros. Vuestras idas y venidas no pasan desapercibidas, pero ni Varys la Araña puede vigilar a todos los hombres de vuestro servicio todas las horas del día. —Se dirigió hacia la puerta.
—Lord Petyr —empezó Ned—. Os… os agradezco vuestra ayuda. Quizá me equivocaba al desconfiar de vos.
—Tardáis mucho en aprender, Lord Eddard. —Meñique se pasó los dedos por la barbita puntiaguda—. Desconfiar de mí ha sido lo más inteligente que habéis hecho desde que desmontasteis al llegar.

juego de tronos, eddard v

 

Ned Stark, por Jake Murray

Meñique consigue que la Mano envíe a Jory para no levantar sospechas, aunque sabe muy bien que eso no es así; es consciente de que Stark está permanentemente vigilado y aprovecha esa circunstancia a su favor. Mientras los demás jugadores, sobre todo Cersei, observan cómo un subordinado de la Mano se reúne clandestinamente con parte del antiguo servicio de Jon Arryn, Meñique utiliza esa maniobra para evidenciar las intenciones de Stark y, al mismo tiempo, evitar que logre hablar con el recién nombrado caballero, dando pie a Cersei para que mueva ficha.

Ser Hugh se mostró brusco y poco propenso a colaborar, tan arrogante como sólo podía serlo un caballero recién nombrado. Si la Mano quería hablar con él, estaría encantado de recibirlo, pero no permitiría que lo interrogara un simple capitán de la guardia… ni aunque dicho capitán fuera diez años mayor que él, y cien veces mejor espadachín.

juego de tronos, eddard vi

 

Ser Hugh parecía estar al tanto de que Lord Stark intentaría contactar con él para hablar sobre la muerte de Jon Arryn. El escudero esquivó temporalmente esa situación y, por desgracia, los Lannister no se demoraron en hacerlo definitivamente. Mientras el Torneo de la Mano se desarrollaba con normalidad, ser Hugh fue curiosamente el único que murió de un modo inesperado en la liza. Este hecho, como admite el propio Sandor, no está exento de sospechas y la descripción del momento de su muerte puede ser la clave que dé con la respuesta.

Sandor Clegane y su gigantesco hermano, Ser Gregor la Montaña, también parecían invencibles, derribaban a un rival tras otro con ferocidad. El momento más aterrador de la jornada se produjo durante la segunda justa de Ser Gregor, cuando acertó con la lanza a un joven caballero del Valle bajo el gorjal de la armadura con tal fuerza que se le clavó en la garganta y lo mató al instante. El joven cayó a menos de tres metros de donde estaba Sansa. Aún tenía la punta de la lanza de Ser Gregor clavada en el cuello, y la sangre brotaba en latidos lentos, cada uno más débil que el anterior. La armadura del joven era nueva, brillante; el acero, al reflejar la luz, mostraba destellos de fuego a lo largo del brazo extendido. En aquel momento el sol se ocultó tras una nube, y el fuego desapareció. La capa era azul, del color del cielo en un día despejado de verano, con un ribete de medialunas; pero a medida que se empapaba de sangre, la tela se oscurecía y las lunas se fueron tornando rojas una a una.
Jeyne Poole se echó a llorar y se puso tan histérica que la septa Mordane tuvo que llevársela para que recuperase la compostura, pero Sansa se quedó allí, con las manos entrelazadas sobre el regazo, observando la escena con una extraña fascinación. Era la primera vez que veía morir a un hombre. Pensó que también ella debería de estar llorando, pero no le salían las lágrimas. Quizá las lágrimas se le habían agotado llorando por Dama y por Bran. Se dijo que la cosa sería diferente si se hubiera tratado de Jory, o de Ser Rodrik, o de su padre. Para ella el joven caballero de la capa azul no era nadie, un desconocido del Valle de Arryn cuyo nombre había olvidado nada más oírlo. No habría canciones que lo recordaran, los juglares no glosarían sus hazañas. Qué pena.

juego de tronos, sansa ii

 

Aparte del tiempo que George R.R. Martin repara en describir detalladamente el suceso, este extracto es, cuando menos, curioso en la medida en que hay presente una simbología que muestra una íntima conexión con la metáfora del Valle de Arryn que analizamos en la primera entrega.

Por un lado, en el primer párrafo, que la lanza del hombre más gigantesco de Poniente, descrito habitualmente como un gigante, sea la que acabe con la vida del joven caballero parece una alusión directa a la Lanza del Gigante, la montaña sobre la que se asienta el Nido de Águilas. En este sentido, el sobrenombre de ser Gregor, llamado la Montaña que cabalga, también apunta hacia esa dirección.

Por otro lado, en el segundo párrafo, la actitud de Sansa durante el incidente evoca claramente a la figura de Alyssa Arryn. En contraste con la reacción tan humana de Jeyne Poole, Sansa demuestra una frialdad inusitada ante la primera muerte que ve en su vida. Y al igual que Alyssa Arryn, no derrama ninguna lágrima por el caballero que acaba de morir cuando en realidad ella misma piensa que debería haberlo hecho.

El vínculo es evidente: la «lanza de un gigante» y «una dama que no llora». La yuxtaposición de ambos símiles refuerza la idea de que la muerte de ser Hugh no responde a la casualidad, sino que hay una intencionalidad por parte de quienes pretenden evitar que se descubra la verdad que hay detrás de la muerte de Jon Arryn. A nivel de gestión narrativa, esta realidad se ve confirmada por un uso reiterado de esta metáfora, hilvanando todos los cabos sueltos que giran en torno a la misteriosa muerte de la Mano. A nivel interno, resulta difícil pensar que Meñique pudiera tener capacidad de influencia sobre ser Gregor, pero Cersei sí. Ser Hugh sabía y había hecho muchas cosas por ella; era un riesgo evidente y peligroso, por lo que debía morir. Para Meñique, además, la muerte del joven caballero era una oportunidad más de tensar las relaciones entre los Stark y los Lannister.

El intento de aumentar las hostilidades entre ambas familias no acabaría aquí, sino que, justo después de la renuncia de Ned, Meñique evitó que se marchara de la capital ofreciéndole una pista sobre los bastardos de Robert. Así pues, después de comprobar que el pelo negro se impuso una vez más en una de sus bastardas, Ned abandonó el burdel de Chataya con más preguntas que respuestas, aunque Meñique no dudó en aclarárselas recordándole la crueldad de Cersei.

Lord Baelish, ¿qué sabéis de los bastardos de Robert?
—Para empezar, que tiene más que vos.
—¿Cuántos?
—¿Qué más da? —contestó Meñique encogiéndose de hombros. Por los pliegues de su capa corrían reguerillos de agua—. Si alguien se acuesta con suficientes mujeres, unas cuantas le dejarán regalitos, y en ese sentido Su Alteza no ha mostrado la menor timidez. Sé que reconoció al chico de Bastión de Tormentas, el que engendró la noche de bodas de Lord Stannis. No le quedó otro remedio, la madre era una Florent, sobrina de Lady Selyse, una de las doncellas. Por lo que cuenta Renly, Robert se llevó a la chica al piso de arriba durante el festín, y rompió el lecho matrimonial mientras Stannis y su esposa todavía estaban bailando. Por lo visto Lord Stannis lo consideró una mancha en el honor de la Casa de su esposa, así que cuando el bebé nació, lo embarcó para que Renly se hiciera cargo. —Miró de reojo a Ned—. También se comenta que Robert tuvo gemelos con una criada de Roca Casterly hace tres años, cuando fue allí para asistir al torneo de Lord Tywin. Cersei hizo matar a los bebés y vendió la madre a un traficante de esclavos. Tan cerca de su casa… fue una afrenta excesiva para el honor de los Lannister.
Ned Stark hizo una mueca. Historias semejantes se contaban acerca de todo gran señor del reino. La parte de Cersei estaba dispuesto a creérsela… pero, ¿acaso lo permitiría el rey? El Robert que él había conocido no, jamás, pero el Robert que él había conocido nunca tuvo tanta destreza a la hora de cerrar los ojos para no ver lo que no le interesaba.
¿Por qué empezó a mostrar Jon Arryn tanto interés de repente por los hijos ilegítimos del rey?
Era la Mano del Rey. —El hombrecillo se encogió de hombros—. No me cabe duda de que Robert le encargó que velara por ellos, para que no les faltara nada.
Tuvo que ser por algo más, de lo contrario no lo habrían matado. —Ned estaba empapado hasta los huesos y se le había helado el alma.
—Ya entiendo. —Meñique se sacudió la lluvia del pelo, y soltó una carcajada—. Lord Arryn descubrió que Su Alteza había preñado a unas cuantas putas y a unas verduleras, así que había que cerrarle la boca. No es de extrañar. Si un hombre con semejantes conocimientos hubiera vivido, ¿a dónde iríamos a parar? Tarde o temprano empezaría a decir que el sol sale por el este, y cosas así.

juego de tronos, eddard ix

 

En el camino de regreso a la Fortaleza Roja, Jaime Lannister los sorprendió buscando una explicación por el secuestro de Tyrion. Después del combate en las calles, Ned acabó malherido y permanece en la capital como Mano, retrasando su partida a Invernalia; pero el conflicto entre ambas familias ya era total con Jaime huido y ser Gregor en busca y captura. A partir de aquí, Baelish seguiría sembrando pistas sobre el incesto Lannister hasta que, por fin, Ned averigua la verdad y comete el error de hablar con Cersei, condenando a Robert. Es entonces cuando, desvelado el secreto y hecho el testamento del rey, Meñique espera la previsible actuación del recién nombrado regente, que escribe a Stannis Baratheon para decirle que es el heredero legítimo de su hermano.

—Maldito sea Varys y también sus pajaritos. —Ned frunció la boca en un gesto airado—. Catelyn estaba en lo cierto, ese hombre tiene artes oscuras. No confío en él.
—Excelente, ya estáis aprendiendo. —Meñique se inclinó hacia delante—. Pero apostaría a que no me habéis hecho venir en mitad de la noche para hablar del eunuco.
—No —reconoció Ned—. Conozco el secreto que le costó la vida a Jon Arryn. Robert no va a dejar ningún hijo legítimo. Joffrey y Tommen son bastardos, hijos de Jaime Lannister, fruto de su relación incestuosa con la reina.
Qué escándalo —dijo Meñique arqueando una ceja en un tono que sugería que no estaba escandalizado en absoluto—. ¿Y la niña también? Claro, sin duda. De manera que, cuando el rey muera…
El trono debería pasar a Lord Stannis, el mayor de los dos hermanos de Robert.
Eso parece. A menos que… —Lord Petyr se acarició la barbita puntiaguda, mientras consideraba el tema.
—¿A menos que qué, mi señor? Y esto no parece nada, es seguro. Stannis es el heredero. Nada lo puede cambiar.
Stannis no puede llegar al trono sin vuestra ayuda. Si sois listo, os cercioraréis de que Joffrey sea el sucesor.
¿Es que no tenéis ni un ápice de honor? —Ned se lo quedó mirando.
—Un ápice sí, claro —replicó Meñique en tono ligero—. Pero prestad atención. Stannis no es amigo mío, y tampoco vuestro. Ni siquiera sus hermanos lo soportan. Ese hombre es de hierro, duro e implacable. Elegirá una nueva Mano y un nuevo Consejo, no os quepa la menor duda. Oh, desde luego os dará las gracias por entregarle la corona, pero no por ello os tendrá aprecio. Y su ascenso al trono nos llevará a la guerra. Stannis no podrá estar seguro de su reino mientras vivan Cersei y los bastardos. ¿Y pensáis que Lord Tywin se quedará tan tranquilo mientras le toman las medidas a la cabeza de su hija para clavarla en una pica? Roca Casterly se alzará en armas, y no serán ellos solos. Robert supo perdonar a los que le juraron lealtad de entre los que sirvieron al rey Aerys. Stannis no es tan generoso. No habrá olvidado el asedio de Bastión de Tormentas. Cada uno de los hombres que luchó bajo el estandarte del dragón, o se alzó con Balón Greyjoy, tendrá motivos para temerlo. Sentad a Stannis en el Trono de Hierro, y os aseguro que el reino sangrará.
»Y ahora, pensad en la alternativa. Joffrey no tiene más que doce años, y Robert ha puesto la regencia en vuestras manos, mi señor. Sois la Mano del Rey y el Protector del Reino. Tenéis el poder, Lord Stark. Sólo hace falta que estiréis la mano para cogerlo. Haced las paces con los Lannister. Liberad al Gnomo. Casad a Joffrey con vuestra hija Sansa. Casad a la pequeña con el príncipe Tommen, y a vuestro heredero con Myrcella. Aún faltan cuatro años para que Joffrey tenga la mayoría de edad. Para entonces os considerará un segundo padre, y si no es así… bueno, cuatro años dan para mucho, mi señor. Para libraros de Lord Stannis, por ejemplo. Y luego, si Joffrey da problemas, siempre podernos revelar este secretito y poner a Lord Renly en el trono.
—¿Podemos? —repitió Ned.
Necesitaréis a alguien con quien compartir la carga —dijo Meñique encogiéndose de hombros—. Y mi precio no será elevado, os lo aseguro.
—Vuestro precio. —La voz de Ned era puro hielo—. Lo que estáis proponiendo es una traición, Lord Baelish.
—Sólo si perdemos.
Olvidáis demasiadas cosas —replicó Ned—. Olvidáis a Jon Arryn. Olvidáis a Jory Cassel. Y olvidáis esto. —Sacó la daga y la puso sobre la mesa, entre ellos: era de huesodragón y acero valyrio; tan afilada como la diferencia entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira, entre la vida y la muerte—. Enviaron a un hombre para que le cortara el cuello a mi hijo, Lord Baelish.
—Pues sí, mi señor, había olvidado algunas cosas. —Meñique suspiró—. Os ruego que me perdonéis. Por un momento no me di cuenta de que estaba hablando con un Stark. —Frunció los labios—. Así que optáis por Stannis y por la guerra.
No se trata de una opción. Stannis es el heredero.
—Lejos de mí entrar en discusiones con el Lord Protector. En fin, ¿qué queréis de mí? Mi consejo no, desde luego.

juego de tronos, eddard xiii

 

Cuando Ned conoce la verdad y avisa al mediano de los Baratheon, Meñique intenta por todos los medios que cambie de idea porque sabe que no le conviene un rey como Stannis, que lo ejecutaría sin pensárselo dos veces. Pero no solo por los crímenes que ha cometido, sino también por las incompatibilidades que existe entre ambos; son polos totalmente opuestos.

—Jamás he confiado en Meñique. Si Stannis le paga bien, se pasará a su bando sin dudarlo un instante.
El imbécil de Stannis Baratheon es demasiado virtuoso para comprar a un hombre. Y tampoco es el señor ideal para tipos de la calaña de Petyr. En esta guerra ha habido compañeros de cama muy raros, estoy de acuerdo, pero esos dos… imposible.

choque de reyes, tyrion xii

 

En lugar de Stannis, el consejero de la moneda quiere que Ned apoye a Joffrey, en principio mucho más manejable; pero, al mismo tiempo, sabe que eso choca frontalmente contra su código de honor. En realidad, Meñique en ningún momento pretendió conseguir su ayuda; más bien buscaba un pretexto para enemistarse con él, pues sabía de antemano que el honorable Ned Stark nunca daría su brazo a torcer. Por eso Baelish continuó provocándole y aparentaba acatar sus órdenes, aunque no estaba dispuesto a cumplirlas. Comenzó a fraguar su traición junto a Cersei, que se materializó cuando el Lord Protector cayó en trampa tendida por la Guardia de la Ciudad en la sala del trono.

Mientras sus hombres morían en torno a él, Meñique sacó la daga de Ned de su funda y se la puso bajo la barbilla. Esbozó una sonrisa de disculpa.
—Os lo advertí. Os advertí que no confiarais en mí.

juego de tronos, eddard xiv

 

Golpe de Desembarco del Rey, por Lukasz Jaskolski

Luego del intento fallido de tomar el poder en Desembarco del Rey, Ned es confinado en las celdas negras y todos sus sirvientes son masacrados por los Lannister. Como consecuencia inmediata, Robb Stark convoca a los vasallos de su padre y reúne un ejército norteño para marchar hacia al sur y rescatarlo, alzándose contra la Corona y la casa Lannister. De este modo, Meñique, que ha conseguido ocultar sus dudosos negocios, inicia el escenario de preguerra que buscaba; solo faltaba asegurarlo con un golpe definitivo que evitase reconciliación alguna entre los dos bandos beligerantes.

Una muerte esperada

Si bien Meñique influenció en las ya de por sí tensas relaciones entre los Stark y los Lannister para provocar un enfrentamiento, sus intentos no fueron suficientes para convertirlo en un conflicto armado irremediable. Joffrey se encargaría de que así fuera cuando decidió, al parecer sin previo aviso y por voluntad propia, cortarle la cabeza a Eddard Stark.

Ejecución de Eddard por Ilyn Payne, por Magali Villeneuve

Mi madre me pide que permita a Lord Eddard vestir el negro, y Lady Sansa me ha suplicado piedad para su padre. —Miró a Sansa, sonrió y por un momento Arya pensó que los dioses la habían escuchado. Pero Joffrey se volvió hacia la multitud y siguió hablando—. Son mujeres, y sus corazones son blandos. Mientras yo sea vuestro rey, la traición no quedará sin castigo. ¡Ser Ilyn, traedme su cabeza!
La multitud rugió, y Arya sintió que la estatua de Baelor se movía, empujada por la muche-dumbre. El Septon Supremo agarraba la capa del rey, Varys se le acercó agitando los brazos, hasta la reina le decía algo, pero Joffrey hizo un gesto de negación. Señores y caba-lleros se hicieron a un lado para dejar paso al hombre alto y descarnado, un esqueleto con co-ta de mallas, la Justicia del Rey. Arya oyó, muy lejos, el grito de su hermana. Sansa había caído de rodillas y sollozaba histérica. Ser Ilyn Payne subió por los peldaños del pulpito.

[…]

En lo más alto del pulpito, Ser Ilyn Payne hizo un gesto, y el caballero vestido de oro y negro dio una orden. Los capas doradas tiraron a Lord Eddard sobre el mármol, con la cabeza y el pecho por encima del borde.

juego de tronos, arya v

 

Por orden directa del rey y con la ayuda de Janos Slynt, ser Illyn Payne ejecutó a Lord Stark a los pies del Gran Septo de Baelor. Este hecho tuvo como consecuencia inmediata una fractura irremediable en la paz del Reino, pues los norteños nunca se arrodillarían ante un rey que, después de admitir que la condena sería una vida de servicio en el Muro, cambió de idea y ordenó ejecutar por puro capricho a su señor. Varys lo dispuso todo para que Ned se uniese a la Guardia de la Noche, pero para su sorpresa el plan se torció cuando Joffrey mandó decapitarlo.

Las coronas afectan de manera extraña a las cabezas que ciñen —asintió Tyrion—. ¿Lo de Lord Stark fue cosa de Joffrey?
La reina hizo una mueca.
—Tenía instrucciones de perdonar a Stark y permitirle que vistiera el negro. Nos lo habríamos quitado de en medio para siempre, y también firmaríamos la paz con su hijo, pero Joff decidió ofrecer un espectáculo mejor al populacho. ¿Qué podía hacer yo? Exigió la cabeza de Lord Eddard delante de media ciudad. ¡Y Janos Slynt y Ser Ilyn lo obedecieron tan contentos, sin que yo diera ninguna orden! —Apretó la mano en un puño cerrado—. El Septon Supremo dice que profanamos con sangre el Septo de Baelor, después de mentirle acerca de nuestras intenciones.

choque de reyes, tyrion i

«Todo salió mal. El plan era que Joff le perdonara la vida y lo enviara al Muro. —El hijo mayor de Stark lo habría sucedido como señor de Invernalia, pero Sansa se habría quedado de rehén en la corte. Varys y Meñique habían establecido las condiciones, y Ned Stark se había tragado su adorado orgullo y había confesado su traición para salvar la cabecita hueca de su hija—. Yo me habría encargado de casar bien a Sansa, con un Lannister. No con Joff, claro, pero tal vez con Lancel o con cualquiera de sus hermanos pequeños. —Recordó que Petyr Baelish se había ofrecido a casarse con la muchacha, pero era improcedente, por supuesto; su origen era demasiado humilde—. ¡Si Joff hubiera hecho lo que se le dijo, Invernalia no habría entrado en guerra y mi padre se habría encargado de los hermanos de Robert!»
Pero Joff ordenó que decapitaran a Stark, y tanto lord Slynt como ser Ilyn Payne se apresuraron a obedecer.

danza de dragones, cersei ii

 

Aparentemente, al malcriado de Joffrey se le subió a la cabeza la corona y ordenó esa ejecución sin consultarlo previamente con sus consejeros, que mostraron una gran incredulidad ante lo que estaba sucediendo. Ni siquiera Cersei, su madre, pudo convencerlo para que reconsiderase la orden que había dado, pero ser Illyn Payne y Janos Slynt obedecieron sin vacilación. Más tarde, cuando Tyrion se reúne con Slynt, hablan más en profundidad sobre este asunto.

—Eso parecería a primera vista —asintió Tyrion—. Pero la vida da muchas vueltas. Como le pasó a Eddard Stark, ¿recordáis, mi señor? Seguro que nunca pensó que su vida terminaría en los peldaños del Septo de Baelor.
Pocos lo pensaban —concordó Lord Janos con una risita. Tyrion rió también.
Lástima, me habría gustado verlo. Dicen que hasta Varys se llevó una buena sorpresa.
La Araña —dijo Lord Janos, que se reía con tantas ganas que se le sacudía la barriga—. Se rumorea que lo sabe todo. Bueno, pues eso no lo sabía.
¿Cómo iba a saberlo? —Tyrion permitió que su voz transmitiera el primer atisbo de frialdad—. Había contribuido a convencer a mi hermana de que perdonara a Stark, con tal de que vistiera el negro.
¿Eh? —Janos Slynt miró a Tyrion, y parpadeó.
—Mi hermana, Cersei —repitió Tyrion un poco más fuerte, por si a aquel imbécil le quedaba alguna duda acerca de a quién se refería—. La reina regente.
Sí. —Slynt bebió un trago—. En cuanto a eso, bueno… lo ordenó el rey, mi señor. El rey en persona.
—El rey tiene trece años —le recordó Tyrion.
—Ya. Pero sigue siendo el rey. —Slynt frunció el ceño, y sus mofletes temblaron—. El señor de los Siete Reinos.
—Bueno, al menos de uno o dos —dijo Tyrion con una sonrisa amarga—. ¿Me dejáis que eche un vistazo a vuestra lanza?
—¿Mi lanza? —Lord Janos parpadeó, confuso. —El broche con el que os sujetáis la capa —señaló Tyrion. Titubeante, Lord Janos se quitó el adorno y se lo entregó—. Los herreros que tenemos en Lannisport hacen trabajos de más calidad —opinó—. Si me perdonáis que os lo diga, la sangre de esmalte rojo es un poco excesiva. Decidme, mi señor, ¿fuisteis vos mismo el que le clavó la lanza por la espalda, o sólo disteis la orden?
Di la orden, y volvería a darla. Lord Stark era un traidor.La calva de la coronilla de Slynt se había puesto de un tono rojo remolacha, y la capa de hilo de oro se le había resbalado de los hombros para caer al suelo—. Ese hombre intentó comprarme.
Sin saber que ya estabais vendido.

choque de reyes, tyrion iii

 

A pesar de la seguridad con la que habla a lo largo de la cena, Janos Slynt se muestra especialmente dubitativo cuando Tyrion le pregunta acerca de la muerte de Lord Stark. Admite que “muy pocos” pensaban que moriría así, revelando en cierto modo que él sí lo sabía. Esquivo y nervioso, Janos comienza a delatarse a sí mismo cuando se ruboriza, aunque no cuenta nada más. Este pasaje, sin duda, despierta muchas dudas sobre la ejecución de Ned; sospechas que se convierten en certezas cuando, después de despachar a Slynt hacia el Muro, Tyrion y Varys llegan a la conclusión de que el comandante de los Capas Doradas era plenamente consciente de lo que iba a suceder.

Tyrion suspiró y tendió la mano hacia el vino, pero se acordó de Lord Janos y apartó la jarra.
Al parecer, mi hermana decía la verdad en lo relativo a la muerte de Stark. Esa estupidez se la debemos sólo a mi sobrino.
El rey Joffrey dio la orden. Janos Slynt y Ser Ilyn Payne la llevaron a cabo de inmediato, sin titubear…
Casi como si la estuvieran esperando. Sí, eso ya lo hemos discutido sin llegar a ninguna conclusión. Fue una locura.

choque de reyes, tyrion iii

 

Janos Slynt, por Borja Pindado

¿El corrupto Janos Slynt y el mudo ser Illyn Payne conocían ese plan de antemano? La verdad es que el acato de la orden estuvo revestido de cierta celeridad a pesar de la gran confusión que generó, sin que los verdugos prestaran atención a la opinión de la reina regente o de los consejeros del rey. Janos tiró rápidamente al suelo a Ned para que ser Illyn lo decapitara y luego mostró su cabeza a la plebe, para regocijo de Joffrey.

—Entonces serían esos otros guerreros los que en realidad tendrían el poder. ¿O no? ¿De dónde salen sus espadas? ¿Por qué obedecen? —Varys sonrió—. Hay quien dice que el conocimiento es poder. Hay quien dice que el poder deriva de los dioses. Otros dicen que el poder lo da la ley. Pero aquel día, en los peldaños del Sept de Baelor, nuestro piadoso Septon Supremo, la legítima reina regente y vuestro seguro servidor, con todos sus conocimientos, estuvieron tan impotentes como cualquier zapatero remendón de la multitud. ¿Quién mató en realidad a Eddard Stark, vos qué pensáis? ¿Joffrey, que dio la orden? ¿Ser Ilyn Payne, que blandió la espada? ¿O bien… otra persona?
—¿Vais a decirme la respuesta del maldito acertijo, o sólo queréis empeorarme esta jaqueca? —Tyrion inclinó la cabeza hacia un lado.
—De acuerdo —dijo Varys sonriendo de nuevo—, ahí va: el poder reside donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos.
Entonces, ¿el poder es una farsa?
Una sombra en la pared —murmuró Varys—. Pero las sombras pueden matar. Y a veces un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande.

choque de reyes, tyrion ii

 

Esa otra persona también estuvo presente durante la ejecución de Ned en el Septo de Baelor, pero curiosamente no se detalla cuál fue su reacción; seguramente porque, como comprobaríamos más adelante, estuvo detrás del plan premeditado de ejecutar al señor de Invernalia. Tyrion atina cuando deduce para quién trabaja realmente Janos Slynt al sustituirlo por Jacelyn Bywater como comandante de la Guardia de la Ciudad.

—¿Slynt? —preguntó.
—Lord Janos zarpará con la marea de la mañana en dirección al Muro. Varys quiere que piense que he reemplazado a un hombre de Joffrey por uno mío. Lo más seguro es que haya reemplazado a un hombre de Meñique por uno de Varys, pero sea.

choque de reyes, tyrion ii

 

Meñique, como ya ha hecho en otras ocasiones, susurró al oído de Joffrey qué debía hacer con un traidor como Eddard Stark, que sacrificó su honor en publicó para salvar a su hija. Consciente de los planes de Varys de enviarlo al Muro, Meñique ejerció su influencia sobre el rey para que el conflicto fuera irremediable, proporcionándole el escenario de guerra total que estaba buscando.

—Y no le falta razón —dijo Tyrion—. Así que este tal Lord Slynt tomó parte en el asunto, ¿no? Dime, ¿de quién fue la gran idea de concederle Harrenhal y un puesto en el Consejo?
Meñique se encargó de todo. Necesitábamos a los capas doradas de Slynt. Eddard Stark estaba conspirando con Renly y había escrito una carta a Lord Stannis ofreciéndole el trono. Estábamos en un tris de perderlo todo. Y faltó poco. Si Sansa no hubiera acudido a mí para hablarme de los planes de su padre…
—¿De verdad? —Tyrion se quedó boquiabierto—. ¿Su hija? —Sansa siempre le había parecido una chiquilla dulce, amable y cortés.
—Esa cría estaba loquita de amor. Habría hecho cualquier cosa por Joffrey, hasta que le cortó la cabeza a su padre y le dijo que había sido un acto misericordioso. Ahí se acabó todo.

choque de reyes, tyrion i

 

Después de la ejecución de Eddard Stark, el conflicto se intensificó hasta tal punto que empezaron a surgir reyes de debajo de las piedras. Tanto Renly, que fue coronado en Altojardín, como Stannis, que se ciñó la corona en Rocadragón, se proclamaron reyes de los Siete Reinos, título que ostentaba oficialmente Joffrey en Desembarco del Rey. Entretanto, en Aguasdulces Robb Stark fue proclamado Rey en el Norte por sus vasallos norteños y ribereños después de recibir la noticia de la muerte de su padre. Balon Greyjoy, por su parte, también vería su oportunidad de proclamarse nuevamente Rey de las Islas del Hierro y lanzarse a la conquista del Norte.

Meñique, por Sardag

En definitiva, Meñique había conseguido nada más y nada menos que poner en pie de guerra a cinco de los siete reinos. El Valle, a pesar de tener motivos suficientes para involucrarse, se mantuvo neutral gracias a la mano invisible de Meñique, que influía en las decisiones de Lysa para que mantuviese el ejército alejado de la guerra y conservara las reservas de grano intactas. Dorne, por su lado, hizo gala de su particular “independencia” al no inmiscuirse en la guerra que azotaba el resto del Reino, pero permaneció alerta en su frontera norte.

Al fin, Meñique logró su objetivo de sumir el Reino en una guerra total y hundirlo en una absoluta pobreza que, cómo no, redundará en su beneficio. Medra bien en el caos y, con el conflicto ya iniciado, es el momento adecuado para actuar como mejor sabe. Ello se materializará, sobre todo, en un suceso de Choque de Reyes que aún hoy en día levanta sospechas y que analizaremos en la próxima edición.