Hoy os traemos la undécima entrega de nuestra Consulta en los Fuegos, en la que, ordinariamente, publicamos tres de vuestras preguntas para que sean respondidas por la comunidad, ya que:

¡¡TODOS SOMOS EXPERTOS EN MAYOR O MENOR MEDIDA!!

En esta ocasión hemos decidido traeros una nueva entrega extraordinaria, porque ha vuelto a llegar hasta nosotros una reflexión diferente y extensa y creemos que, por ello, merece que nos hagamos eco de esta manera. ¡Al ataque!


Davos, ¿qué pasará en el futuro con su trama?

— Wilma Deering —


A primera vista, la consulta que quería plantearos hoy quizás no sea una de las grandes preguntas de la saga pero me he decidido a enviarla porque, de una manera u otra, no es raro ver que salga cada cierto tiempo en las conversaciones de los fans. ¿Qué será de Davos?

Dicho así, puede que no llame mucho la atención. Pero Davos, hasta Tormenta de Espadas, era los ojos a través de los que veíamos la trama de Stannis. Tras su partida a Puertoblanco, para negociar el apoyo de la Casa Manderly, esto deja de ser así. Vemos que la particular aventura norteña del Caballero de la Cebolla le llevará, sorprendemente, hasta un lugar tan lejano como la isla de Skagos en un intento por localizar y traer de vuelta a Rickon Stark. No parece, por tanto, que vaya a volver a ser visto por sus aliados habituales en bastante tiempo.

Por otro lado, la trama de Stannis sigue su curso. En el Muro vemos sus movimientos a través de los ojos de Jon Nieve. Pero en cuanto parte de allí, ya avanzada la acción en Danza de Dragones, esto deja de ser así. La próxima vez que veamos qué ocurre en el campamento de Stannis será a través de los ojos de Asha Greyjoy, tras ser capturada durante la Batalla de Bosquespeso. Más todavía, sabemos que, en su último capítulo de Danza de Dragones, se une a ella su hermano Theon quien a su vez y como todos sabemos es otro personaje que cuenta con punto de vista propio en la saga:

—Sí, soy Asha de la casa Greyjoy, aunque en lo de dama no todos están de acuerdo.
—Os traemos un regalo —dijo el braavosi con una sonrisa, e hizo una seña a los hombres que lo seguían—. Esperábamos dar con el rey en Invernalia, pero por desgracia, el castillo se halla envuelto en esta misma tormenta. Al pie de la muralla nos encontramos con Mors Umber y una tropa de novatos que esperaban a su alteza, y nos dio esto.
«Una muchacha y un viejo», pensó Asha cuando los arrojaron de mala manera sobre la nieve, ante ella. La chica era presa de fuertes temblores, pese a las pieles que la arropaban; de no haber estado tan asustada, hasta podía ser bonita, aunque la punta de la nariz se le había ennegrecido por la congelación. En cuanto al viejo, daba un poco de repelús; había visto espantapájaros con más carne. La cara era una calavera cubierta de piel, y tenía el pelo blanco como el marfil, y mugriento. Y apestaba. Solo con verlo, a Asha se le revolvieron las tripas.
Entonces, el viejo levantó la mirada.
—Hermana. Ya ves, esta vez te he reconocido.
—¿Theon? —El corazón de Asha dio un vuelco.
Retrajo los labios para esbozar lo que tal vez fuera una sonrisa. Le faltaba la mitad de los dientes, y los que le quedaban estaban rotos y astillados.
—Theon —repitió—. Me llamo Theon. Tengo que recordarlo.

Danza de Dragones, El Sacrificio

 

Rickon Stark, en Skagos

Rickon en Skagos, por Acazigot

Si esto fuera una saga normal, creo que podríamos parar la consulta aquí para que todos diésemos nuestra opinión al respecto. La presencia de Asha y de Theon en la trama de Stannis parece confirmarnos que Davos estará destinado a intentar completar la búsqueda del benjamín de los Stark durante una buena temporada. El problema es que Canción de Hielo y Fuego tiene poco de normal… Cosa que me lleva a la segunda parte de la cuestión:

El saquito de falanges que Davos perdió en el Aguasnegras

Sí, otro viejo amigo, ¿verdad? Un objeto que también sale de tarde en tarde en las conversaciones. ¿Qué fue de él? Una respuesta fácil y sencilla podría ser que se encuentra pudriéndose en algún lugar del fondo de la bahía del Aguasnegras. Pero cierta escena apunta hacia otra posibilidad:

—¿Mance? —Jon Nieve tenía los ojos abiertos de par en par.
—Lord Nieve… —Mance Rayder no sonrió.
—¡Pero si os quemaron!
—Quemaron al Señor de los Huesos.
—¿Qué brujería es esta? —Jon Nieve se volvió hacia Melisandre.
—Llamadla como queráis. Hechizo, apariencia, ilusión óptica… R’hllor es el Señor de Luz, Jon Nieve, y concede a sus siervos la capacidad de tejerla igual que otros tejen con hilo.
—Yo también tenía mis dudas, Nieve —comentó Mance Rayder con una risita—. Pero ¿por qué no dejar que lo intentara? La alternativa era dejarme asar por Stannis.
Los huesos resultaron de gran ayuda —dijo Melisandre—. Los huesos tienen memoria. Los hechizos más poderosos se componen de cosas así: las botas de un muerto, un mechón de pelo, un saquito de falanges… Unos susurros y una plegaria pueden sacar de esos objetos la sombra de un hombre y envolver a otro con ella, como si fuera una capa. La esencia de quien la lleva no cambia; solo su aspecto.
Hacía que pareciera fácil, sencillo. Nadie que la escuchara imaginaría nunca lo difícil que le había resultado ni cuánto le había costado. Era una lección que había aprendido mucho antes de ir a Asshai: cuanto más fácil parecía la magia, más temor inspiraría el mago. Cuando las llamas lamieron a Casaca de Matraca, el rubí de Melisandre se calentó tanto que tuvo miedo de que le quemara el cuello. Por suerte, lord Nieve la salvó de aquel sufrimiento con sus flechas. El desafío enfureció a Stannis, pero para ella fue un alivio.

Danza de Dragones, Melisandre

 

No deja de ser un comentario extraño. Que sepamos, el único personaje que llevaba un saquito de falanges alrededor del cuello era el propio Davos Seaworth. Pero él mismo relata que lo perdió durante la Batalla del Aguasnegras, donde estuvo a punto de morir ahogado. Entonces, ¿cómo pudo Melisandre hacerse con este objeto tan personal, si supuestamente nunca estuvo allí? Con el pasaje en la mano, podemos plantear incluso la posibilidad de que la bruja roja, en caso de tener el saquito, pudiera utilizar un impostor para actuar en su nombre. ¿Cómo reaccionaría Davos si llegara a enterarse de esta manipulación? Pero volvamos al Aguasnegras:

Se llevó la mano a la garganta en busca del saquito de cuero que siempre llevaba al cuello. Dentro conservaba los huesos de los cuatro dedos que su rey le había cortado el día que lo armó caballero. «Mi buena suerte.» Los muñones de los dedos palparon el pecho y buscaron, sin encontrar nada. El saquito había desaparecido y con él, las falanges.

Tormenta de Espadas, Davos I

 

Sabemos por el propio Davos cómo vivió los últimos momentos durante el Aguasnegras, cuando la bahía entera pareció arder con fuego valyrio y él mismo cayó al mar. El relato de toda la escena es un poco largo, algo más que el fragmento que rescato a continuación. Pero este nos servirá para hacernos una idea de lo ocurrido:

Lo único que tenía que hacer era quedarse quieto. Unos momentos más y estaría con sus hijos, reposando sobre el frío limo negro del fondo de la bahía, mientras los peces le mordisqueaban la cara.

Pero en vez de eso aspiró todo el aire que pudo y se sumergió en busca del lecho del río. Su única esperanza consistía en pasar por debajo de la cadena, las naves en llamas y el fuego valyrio que flotaba en la superficie del agua, en nadar deprisa hacia la seguridad de la bahía al otro lado. Davos siempre había sido un buen nadador, y aquel día no llevaba ninguna prenda metálica salvo el yelmo que había perdido junto con la Betha negra. Mientras cortaba el agua, verde y turbia, vio a otros hombres que pataleaban bajo la superficie, arrastrados hacia el fondo por el peso de la cota y la armadura. Davos los dejó atrás, impulsándose con toda la fuerza que le quedaba en las piernas y dejándose llevar por la corriente con los ojos llenos de agua. Bajó más, y más, y más todavía. A cada brazada se le hacía más difícil retener el aliento. Recordó haber visto el fondo, blando y oscuro cuando un chorro de burbujas se le escapó de la boca. Tocó algo con una de las piernas… un obstáculo, un pez o quizá un hombre que se ahogaba, nunca lo supo.

En ese momento necesitaba aire, pero tenía miedo. ¿Habría dejado atrás la cadena, estaría ya en la bahía? Si emergía bajo una nave se ahogaría, y si lo hacía entre las manchas ardientes de fuego valyrio, al tomar aire se le calcinarían los pulmones. Se revolvió en el agua para mirar hacia arriba, pero salvo una verdosa oscuridad no había nada más que ver; giró con demasiada velocidad y, de repente, ya no habría sabido decir dónde estaba la superficie y dónde el fondo. Le entró pánico. Revolvió el fondo del río con las manos y levantó una nube de limo que lo cegó. Parecía que el pecho le iba a estallar. Manoteó en el agua, movió las piernas, se impulsó y giró mientras sus pulmones exigían aire, se impulsó con las piernas perdido en las tinieblas del río, siguió, siguió y siguió hasta que no tuvo más fuerzas. Cuando abrió la boca para gritar, le entró agua con sabor a sal y Davos Seaworth supo que se estaba ahogando.

Tormenta de Espadas, Davos I

 

Davos Seaworth

Davos Seaworth, por Newtman

Según lo angustioso de la escena y el abrupto final, cualquiera diría que es el relato de una persona que está muriendo ahogada. Davos recuerda cómo ya estaba tragando agua, con sus pulmones exigiéndole aire, pero sin conseguir alcanzar de forma segura la superficie…

Sin embargo, no fue así. El ex-contrabandista, contra todo pronóstico, sobrevivió a la mala experiencia:

Lo siguiente que recordaba era el sol en lo alto y él sobre una playa de piedras, al pie de un montículo rocoso rodeado por la desierta bahía, con un mástil roto, una vela quemada y un cadáver hinchado a su lado. El mástil, la vela y el cadáver desaparecieron con la siguiente marea alta, dejando a Davos solo en su roca entre los arpones del rey pescadilla.

Tormenta de Espadas, Davos I

 

Esto en realidad es más atípico de lo que pueda parecer, porque en la saga hemos visto a más personajes con PdV sufriendo ahogamientos similares en el agua y necesitando el auxilio de alguien más en ese momento para no morir. El truco, supongo, es que son sucesos muy posteriores al Aguasnegras y no los relacionamos. ¿Podría ser? Recordemos los casos de Sam y Tyrion:

Lo siguiente que supo fue que estaba en el exterior, volando cabeza abajo en medio de la niebla. Durante un instante vio por debajo las aguas oscuras. Luego, el canal se acercó y se estampó contra su rostro.
Sam se hundió como una piedra, como una roca, como una montaña. El agua se le metió en los ojos y en la nariz, oscura, fría, salada. Trató de gritar para pedir ayuda y sólo consiguió tragar más. Consiguió girarse, debatiéndose y pataleando. Le salían burbujas de la nariz.
«Tienes que nadar —se dijo—. Tienes que nadar». Cuando abrió los ojos, la sal le entró y lo cegó. Salió a la superficie sólo durante un instante, consiguió respirar un poco y manoteó a la desesperada con una mano mientras arañaba con la otra la pared del canal. Pero las piedras estaban húmedas y resbaladizas, y no encontró asidero. Volvió a hundirse.
Sintió el frío en la piel cuando el agua le empapó la ropa. El cinto se le deslizó piernas abajo y se le enredó en los tobillos.
«Me voy a ahogar —pensó con pánico ciego, negro. Se debatió, trató de salir a la superficie, pero sólo consiguió dar de bruces contra el fondo del canal—. Estoy cabeza abajo —comprendió—. Me estoy ahogando». Algo se movió contra su mano, una anguila u otro pez que le rozó los dedos. «No me puedo ahogar; sin mí, el maestre Aemon se morirá, y Elí no tendrá a nadie. Tengo que nadar, tengo que…».
Se oyó un chapuzón estrepitoso y algo se enroscó en torno a él, bajo sus brazos, alrededor de su pecho.
«La anguila —fue lo primero que pensó—. La anguila me ha cogido, me va a llevar al fondo. —Abrió la boca para gritar y tragó más agua—. Me he ahogado —fue su último pensamiento—. Los dioses se apiaden de mí, me he ahogado».
Cuando abrió los ojos estaba tumbado boca arriba, y un negro gigantesco, un isleño del verano, le golpeaba el vientre con unos puños del tamaño de jamones.
«Para, me estás haciendo daño», trató de gritar Sam. Pero en vez de palabras, lo que vomitó fue agua, y se atragantó. Estaba empapado y tiritaba allí, tumbado en los adoquines, en un charco de agua del canal. El isleño del verano volvió a golpearlo en el vientre, y le salió más agua por la nariz.
—Basta ya —jadeó Sam—. No me he ahogado. No me he ahogado.
—No. —Su salvador se inclinó encima de él, enorme, negro, chorreante—. Deber mucho plumas. Agua estropear capa bonita. Soy Xhondo.
Sam vio que era cierto. La capa de plumas empapadas que le colgaba de los hombros se había echado a perder.

Festín de Cuervos, Samwell III

 

Tyrion se lanzó contra él con un hombro por delante.
Fue como estrellarse contra el muro de un castillo, solo que tenía por cimientos una pierna destrozada. El hombre de piedra cayó hacia atrás, arrastrando a Tyrion consigo. Se alzó una columna de agua cuando atravesaron la superficie, y la madre Rhoyne los engulló a los dos.
El frío repentino golpeó a Tyrion como un martillo. Sintió como una mano de piedra le buscaba el rostro mientras se hundían, y otra se le cerraba entorno al brazo para arrastrarlo hacia la oscuridad. Cegado, con la nariz llena de río, ahogándose y cada vez más hundido, pataleó, se retorció y luchó por liberarse de los dedos que le aferraban el brazo, pero no cedían. El aire se le escapó de la boca en burbujas. El mundo se fue tornando cada vez más negro. No podía respirar.
«Ahogarse no es la peor manera de morir. —Y lo cierto era que había muerto hacía mucho, en Desembarco del Rey. Lo único que quedaba de él era su espectro, un fantasma pequeño y vengativo que había estrangulado a Shae y le había clavado una saeta de ballesta en el bajo vientre al gran lord Tywin. Nadie lloraría al ser en que se había convertido—. Seré el fantasma de los Siete Reinos —pensó mientras se hundía—. No me quisieron vivo; que me teman muerto».
Abrió la boca para maldecirlos a todos, y el agua negra le llenó los pulmones mientras caía la oscuridad en su derredor.

Danza de Dragones, Tyrion V

 

Soñó con su padre y con el Señor de la Mortaja. Soñó que eran la misma persona, y cuando su padre lo rodeó con brazos de piedra y se inclinó para darle el beso gris, se despertó con la boca seca y polvorienta, con sabor a sangre en los labios y el corazón martilleándole el pecho.
El enano muerto nos ha sido devuelto —proclamó Haldon.
Tyrion sacudió la cabeza para limpiársela de las telarañas del sueño.
«Los Pesares. Me perdí en los Pesares».
—No estoy muerto.
—Eso está por ver. —El Mediomaestre lo miraba desde arriba—. Pato, sed buen pájaro y hervid caldo para nuestro amiguito. Debe de estar famélico.
Tyrion se dio cuenta de que se encontraba en la Doncella Tímida, bajo una manta áspera que apestaba a vinagre.
«Hemos dejado atrás los Pesares. Solo ha sido un sueño que he tenido mientras me ahogaba».
—¿Por qué huele tanto a vinagre?
—Lemore os ha lavado con vinagre. Hay quien dice que sirve para prevenir la psoriagrís. Personalmente, lo dudo, pero tampoco se pierde nada por intentarlo. También ha sido Lemore quien os ha obligado a vomitar el agua de los pulmones cuando Grif os ha izado. Estabais frío como el hielo y teníais los labios azules. Yandry decía que sería mejor devolveros al río, pero el chico lo prohibió.

Danza de Dragones, Tyrion VI

 

Todo esto me lleva a plantearme varias preguntas: ¿qué pasará en el futuro con su trama? ¿Quién salvó a Davos de morir ahogado; fue el destino, su buena suerte o alguien más? ¿Pudo hacerse Melisandre con el saquito de falanges del contrabandista? Y, si es así, ¿con qué fin último se hizo con él? ¿Pudo ser por algo que vio en las llamas?

Stannis, Melisandre y Davos

Stannis, Melisandre y Davos, por Irenechapez

Muy interesantes cuestiones las que se nos plantean en esta ocasión.

No olvidéis enviar vuestras preguntas para ser puestas a debate a consultaenlosfuegos@gmail.com

Así mismo, nos gustaría recordaros que si en alguna ocasión os surge alguna duda que debéis desarrollar para poder plantearla, como por ejemplo esta misma edición, Consulta en los Fuegos es lo suficientemente maleable como para poder hacerle un hueco.

Ahora, contadnos… ¿Qué veis en las llamas?

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