Pues tristemente llega el momento en que tenemos que comenzar a despedirnos de las colaboraciones y secciones que nos han ido acompañado durante la emisión de la la séptima temporada de Game of Thrones. Nuestro Sacerdote, @Gonzalo Greyjoy (en Twitter @viachesl4v), que después del último capítulo y a juzgar por su artículo es muy probable que de verdad se quiera quedar ahogado para siempre, nos ha regalado grandes momentos que podéis repasar aquí. Su último artículo rezuma nostalgia y pone el broche final a estas crónicas que, en palabras de algunos leales, en ocasiones han superado a los capítulos en sí. 

Esta semana echaremos la llave a este período especial, además de con esta reseña, con la de nuestro último Escriba Leal y os ofreceremos una review global de la Séptima Temporada a cargo de @DiegoTargaryen. Para rematar con buen sabor de boca, tenemos preparadas no una, sino dos Ceremonias de Entrega de Premios. Una un poco más formal y otra con categorías digamos “menos al uso”, pero ambas nos servirán para alabar o despotricar de la serie. Cualquier opinión en el sentido que sea y hecha con respeto tiene cabida, que a fin de cuentas es para lo que se creó esta web. #Valarcomentaeris siempre, leales.


7×07: El Dragón y el Lobo

Gonzalo Greyjoy —


Lo primero, antes de nada: hay que aplaudir a la maquinaria de propaganda y marketing que tiene HBO y todos los medios de comunicación que promocionan continuamente Juego de Tronos, pues tras este engendro de temporada seguramente resetearemos fuerzas y energías cuando toque prepararse para la octava (y, por fin, última) temporada y volveremos a querer más “panem et juego de tronensis”.

O mueres como un héroe, o vives lo suficiente para convertirte en un villano

Terminada ya esta temporada, he de decir que respiro tranquilo. Ha sido un fin de semana raro, normalmente, incluso en temporadas irregulares como la 5ª y la 6ª, el season finale era (para mí y supongo que para todo el mundo) un acontecimiento importante. Al nivel de la premiere. Dejaríamos la serie aparcada hasta un año después y mientras vagaríamos en el desierto cuales israelitas pero sin Moisés, esperando a que saliese Vientos de Invierno. Un año tras otro, te adaptas a la rutina cotidiana, buscas otras formas de entretenimiento pero siempre hay una parte del cerebro activa tanto si sale el libro maldito (que no el maldito libro, ojo) o un tráiler. Pero para la próxima temporada me da que no. Agradezco que al menos vayan a tomarse un respiro de dos años para concluir la serie y tal. Pero si os digo la verdad, me importa ya bien poco quién se sienta en el Trono de Hierro, quién se casa con quién, quién muere, si el Bien y la Luz vencen en la Batalla Final y si el Jonerys encuentra la felicidad.

Se casaron en Dorne, se nota nada más que viendo el paisaje

El problema de una adaptación está en la búsqueda, en ocasiones errónea, de la transliteración. Aquí los lectores exigimos que se siga al pie de la letra los versículos de la saga Canción de Hielo y Fuego y que veamos en pantalla lo que leemos cuando pasamos las hojas de los libros. Sobre el papel, la teoría de R+L = J y Azor Ahai suenan muy bien, pero no tiene sentido, en la serie, dejarlo en manos de un actor tan rematadamente malo (y eso sin contar que le dan unos guiones que tampoco ayudan). Y viéndolo así, ya que D&D decidieron tomar unas decisiones (nada) arriesgadas, podrían haber dado un golpe en la mesa cargándose al bastardísimo. Porque total, no hay una necesidad imperiosa para tenerle en la serie: cualquiera que empuñe un arma con vidriagón puede cargarse al Rey de la Noche.

Señores, el 3 en 1: Azor Ahai, el Príncipe que fue Prometido y el legítimo sucesor al trono

¿Serán estos los derroteros que tome la saga de Martin? ¿Habrá que plegarse al aplauso fácil y actitud pusilánime? ¿Y al artificio y efectismo hueco? ¿De verdad alguien que ha ido tejiendo a fuego lento una historia tan compleja y nada condescendiente con el espectador/lector terminará cediendo ante lo moñas y lo políticamente correcto? ¿Y Aegon? ¿Es un mix con (F)Aegon o es otro Aegon más? Narices, a Rhaegar le importaban bien poco sus otros hijos por lo que veo.

¿Qué ha sido de Theon? ¿De Bran? ¿De Jorah? Y si nos ponemos en la tesitura de Emilio Doménech en su artículo para Vanity Fair, ¿qué futuro en cuanto a lógica narrativa les espera a las hermanas Stark?. Y así con muchos personajes. Muchos vaivenes, demasiados. Tanto físicos (viajes que ni un Jefe de Estado en situación de crisis internacional) como emocionales. Y claro, todo se acaba volviendo frágil y se quiebra haciéndose añicos, como la última escena con El Muro.

7 temporadas más tarde…

Parece que la serie, buque insignia de la cadena, haya hecho un pacto con el diablo cual Fausto con Mefistófeles. Y nos da la impresión que no se puede tener todo –como pretendía Meñique, cuya muerte se desarrolla en una escena bastante anticlimática, previsible, incluso ridícula y nada a la altura del personaje–. Un Meñique que pasó de ser un adelantado discípulo de Maquiavelo en la serie al Paulo Coelho de Poniente.

Al final ha sido un Jory “casi” Cassel

Y volviendo al “no se puede tener todo”, si en las primeras temporadas la falta de presupuesto hacía presagiar una serie con sus batallas fuera de campo y donde la garra se ponía en los libretos mecanografiados por los guionistas y no por imágenes renderizadas por programadores informáticos y diseñadores gráficos, ahora ya tenemos esas batallas espectaculares que anduvimos buscando tiempo ha. Pero qué queréis que os diga, me llega más, me parece más épica una escena tan simple (y a priori anodina) como Catelyn cabalgando en un crepúsculo anaranjado con los compases in crescendo de Ramin Djawadi desde Los Gemelos hasta la tienda de campaña donde se encuentra Robb y su Junta de Militares para informarle del pacto con Lord Frey (En el 1×09) que Daenerys llegando con sus dragones gigantescos. Sensaciones simplemente.

Aquellos maravillosos años

Las amistades peligrosas

Y ya si nos metemos con el episodio en sí, salvo las escenas de los Lannister y el apabullante final que nos enfrenta cara a cara con esa ventisca siberiana, poco que decir. A pesar de sus exagerados casi 80 minutos de duración.

Las secuencias en Desembarco y, en particular, Pozo Dragón quizá sean de lo mejor. Muchos personajes jugando sus bazas. Euron jugando al despiste –también con el lector– con sus intereses personales (sus sobrinos y poner su culo a salvo), la escena con el espectro y ese careo de Qyburn, el científico loco de Poniente, con los restos del cadáver andante. Reencuentros entre Bronn, Podrick y Tyrion –más soso es el de Brienne con El Perro-, enfrentamientos dialécticos entre los Lannister. Y finalmente esos copos de nieve que caen en la capital tras mucho (y mucho = tiempo). Todo ello es un oasis no sólo dentro del episodio, sino de la temporada entera, la más floja hasta el momento.

Joder, pos si que va a ser verdad el lema Stark

En contraposición, tenemos esa enésima redención de Theon: un personaje que desde el comienzo de la sexta temporada casi que parece un espectro más; el previamente comentado final de Meñique con los hermanos Stark (tan repelentes y moñas que se van convirtiendo); ese encuentro entre Sam y Bran y la REVELACIÓN. Por cierto, un actor pésimo Isaac Hepstead-Wright cuya actuación nos hace recordar (otra vez) esa escena de Los Simpson en la que Homer destripa el argumento de la telenovela en la que participa Moe. Y qué decir del Jonerys, cero química y una escena de cama demasiado pazguata para el historial de HBO.

Marvel Cinematic Universe

A ver si al final resulta que van a tener razón aquellos que decían que no era más que un remedo entre El Señor de los Anillos y Gran Hermano. Por la espectacularidad del primero, los “diálogos” del segundo y las expulsiones (muertes, aunque ya no tantas) también de esta última.

Hay tres cosas que cuestan bastante en estas fechas: ordenar la habitación/limpiar la casa, ponerse en forma/ir al gimnasio y volver a la rutina laboral. Añadid “ver esta temporada de Juego de Tronos”. Y es lamentable, que jugando con la baza de “historias cruzadas” como si de una obra de Robert Altman enmarcada en un mundo de ficción de medieval se tratase, la cosa o no avanza ni a patadas, o cuando lo hace es a trompicones y virajes bruscos sin sentido y sin base alguna a la que agarrarse.

Y así nos sentimos pero CON

Por último, en relación a estas analogías, yo siempre fui más de la metáfora de los caminos que de la jardinería martiniana. Me explico: más o menos cuando Martin decidió dejar de involucrarse activamente en la serie allá por el 2014 tras la cuarta temporada, explicó los cambios entre su obra y la serie de HBO. Mientras él seguiría moviéndose tranquilamente por carreteras secundarias y comarcales, disfrutando de los placeres del viaje y con variada música, HBO tomaría el desvío a la autopista. Esa autopista con conducción con “piloto automático” es la que han tomado desde entonces, cuatro carriles, buen asfalto, gran variedad musical para hacer ameno (y corto) el viaje… El problema llegó cuando se encontraron que había un tramo en obras que estaba cortado. Han tenido que tomar un desvío y casi que se han perdido. Ya no funciona el GPS y la única emisora que pillan son los 40 principales, que encima están repitiendo una y otra vez “Despacito”. Pero claro, ellos tienen el Cañonero y al final acabarán llegando a meta tomando atajos.

Como era aquello de “el Semental que montará….”

Diría que la serie de HBO se ha convertido en una de Starz (pero con infinitamente más presupuesto). Aunque no sé qué decir, porque Starz es una cadena que ha mejorado muchísimo en los últimos años. Qué digo Starz, un blockbuster producido por la Disney –que básicamente hace el 95% de ellos cada año entre sus empresas filiales–. D&D harían bien en tomarse un respiro durante una temporada larga.

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