Entre tanto trajín con la serie, como cada viernes volvemos con una entrada dedicada a la saga de Canción de Hielo y Fuego. Aunque en su momento ya pudimos disfrutar del ensayo de Tywin Lannister, hoy es el momento de analizar a otro personaje considerado por muchos el mejor estratega de Poniente: Doran Martell. No obstante, comprobaremos que la autora de este ensayo intentará descomponer cada una de sus jugadas para llegar a la conclusión de que quizá el Príncipe de Dorne no es el buen jugador que aparenta ser.


La hierba movida por el viento

— Good Queen Alysanne —


Doran Martell ha sido a menudo considerado como uno de los grandes conspiradores y estrategas de Canción de Hielo y Fuego. Su última frase a su hija al final de Festín de Cuervos —Justicia. Venganza. Fuego y Sangre— se ha citado no solo como una de las más emotivas de la saga, sino que ha sido equiparada con la genialidad política y al retórico golpe maestro de la declaración el Norte recuerda de Wyman Manderly. Sus palabras muestran supuestamente una profunda sabiduría sobre cómo jugar al juego de tronos. Un compromiso a una conspiración cuidadosamente planeada por la cual se corrigen los errores de la Rebelión de Robert y la Casa Targaryen, con el apoyo de los Martell, gobierna de nuevo los Siete Reinos.

Sin embargo, ¿es justa esta concepción del Príncipe de Dorne? ¿O se da más bien el caso de que Doran ha fallado por completo en conseguir su objetivo final —la restauración de la Casa Targaryen en el Trono de Hierro— en cada etapa? ¿Han tenido algún beneficio las intrigas de Doran Martell hacia ese objetivo o ha habido realmente algún cambio en la fortuna de la Casa Martell? Ciertamente, no. Y tampoco se debería considerar al príncipe Doran un genio estratégico. Doran no se percibe únicamente como débil e ineficiente, la hierba que esconde a la víbora: él es la hierba, movido por vientos apasionados pero incapaz de hacer nada por sí mismo más que quedarse firmemente plantado en la tierra.

Las semillas de las intrigas

Boda de Rhaegar Targaryen y Elia Martell

La boda de Rhaegar y Elia, por demiurgee

La Princesa de Dorne —la madre de Doran— había tenido grandes aspiraciones dinásticas para su única hija. Aunque los matrimonios propuestos con Baelor Hightower o Jaime Lannister habrían sido realmente magníficos, el matrimonio de Elia con el príncipe de la Corona, Rhaegar, era el premio más reluciente de todos. Como en los idílicos días de Daeron II, cuando el favor real con los dornienses estaba en su apogeo, los Martell tendrían una reina consorte y herederos medio Martell en el reino. Dorne nunca podría competir con la fortuna mineral o las riquezas agrarias de otras zonas de Poniente, pero los Martell habían salido victoriosos en este combate dinástico. Sin duda, no tardarían en llegar preciados nombramientos en la corte para los nobles dornienses, y la influencia dorniense gobernaría de nuevo en Desembarco del Rey. Aerys II, loco y envejecido prematuramente, no podría durar para siempre; y la era gloriosa del Rey Rhaegar, la Reina Elia y Aegon el Príncipe de Rocadragón llegaría pronto.

Sin embargo, el saqueo de Desembarco del Rey y la derrota final de la Casa Targaryen demostraron lo contrario. Los dornienses en general y los Martell en particular se vieron políticamente aislados y personalmente perjudicados. Como uno de los dos grandes reinos (junto con el Dominio, enemigo tradicional de Dorne) que había luchado por los Targaryen, Dorne no podía esperar ser recibido con los brazos abiertos por el nuevo rey Baratheon. La famosa generosidad de Robert no podía disipar su odio por aquellos asociados con su enemigo mortal, Rhaegar. Y de forma aún más devastadora, la inocente Princesa Elia y sus hijos pequeños habían sido brutalmente asesinados por dos de los caballeros de Tywin Lannister. Aunque tuviera sentido político acabar con los hijos de Rhaegar y así asegurar que su linaje nunca pudiera arrebatarle el trono a Robert, también fue un acto de crueldad atroz. Amory Lorch y Gregor Clegane no habían únicamente matado a la familia de Rhaegar, sino que hicieron de los cuerpos de los niños mutilados trofeos, pruebas para el Rey Robert de que los Lannister estaban firmemente de su lado. Un acto tan terrible pedía justicia.

Pero la justicia no tuvo lugar. Gregor Clegane y Amory Lorch nunca fueron juzgados o castigados por Tywin Lannister o por la Corona —aunque ambos se enfrentaron a muertes dolorosas mucho más tarde; y al menos en el caso de Gregor, Oberyn Martell obtuvo su póstuma venganza. Robert no se disculpó formalmente por los asesinatos, y Jon Arryn dibujó una delgada línea entre apaciguar a los dornienses y reforzar el rol de Robert Baratheon como el nuevo señor de los Martell. De forma aún más humillante para los Martell, Tywin (quien ordenó los asesinatos, al menos, de los niños) no solo no se enfrentó a repercusiones para sí mismo, sino que su hija se convirtió en la reina que Elia nunca tuvo la oportunidad de ser.

Doran Martell había querido a su hermana, a pesar de la brecha de edad. También representaba a la Casa Martell, y tal insulto y horror moral para la Casa —los asesinatos de una princesa Martell y sus hijos sin castigo y solo con tácitos signos de apaciguamiento— provocaron que buscara venganza. La única forma en que la Casa Martell podría volver a su lugar favorecido era si un Targaryen volvía al Trono con ayuda dorniense —y, a poder ser, un consorte Martell. Doran echó la vista al este, hacia el primer pretendiente Targaryen al que cortejaría.

El primer plan: El rey Viserys III Targaryen y la reina Arianne Martell

Viserys Targaryen, por beelphazoar

Se puede perdonar al Príncipe Doran Martell por no acoger a Viserys y su hermana en Dorne inmediatamente después de la Rebelión de Robert. La sangre de Aegon, Rhaenys y Elia aún no se había secado en las manos de sus asesinos, y Doran podría haber sospechado razonablemente que Robert lo estaría vigilando de cerca, como el destacable aliado Targaryen que era. Tampoco ayudaron a las confabulaciones de Doran los intentos de su furioso hermano Oberyn por restaurar a la Casa Targaryen nada más terminar la guerra. El príncipe trató de convocar a los estandartes Martell para proclamar al segundo hijo de Aerys, Viserys. Jon Arryn paró rápidamente esa rebelión viajando a Lanza del Sol y devolviendo los huesos del príncipe Lewyn Martell, un guardia real muerto en el Tridente, y parlamentando en privado con Doran para terminar con el asunto de la guerra. De todas formas, si el Príncipe de Dorne aún no estaba en la lista negra del nuevo régimen, definitivamente lo estuvo después.

Así, a pesar de que Rhaella podría haber esperado conseguir asilo para sus hijos dando a su hija recién nacida un nombre dorniense apropiado, Doran solo podía ver con impotencia cómo Willem Darry se llevaba al posible Rey Viserys III y a la Princesa Daenerys de Rocadragón a Braavos. Dorne, aunque no tan encarnizado como el resto de los reinos en la Rebelión de Robert (habiendo el Príncipe reservado algunas tropas en respuesta al insulto de Rhaegar a Elia), aún no podía alzar un ejército lo suficientemente grande como para enfrentarse al resto de los Siete Reinos. A pesar de todo, Doran sabía lo suficiente como para suponer que algunos de los reinos de Poniente habrían preferido ver a los Targaryen repuestos que al Usurpador sentado en el trono de los reyes dragón. Esos reyes dragón que una vez habían hecho reina a una Martell y habían permitido que la sangre del dragón se mezclara con el linaje principesco dorniense. El Príncipe Oberyn había demostrado que existía al menos la posibilidad de que Dorne se alzara por Viserys incluso sin estar él en el país. De volver el legítimo rey Targaryen, aquellos que habían luchado por la Corona no tanto tiempo atrás podrían abandonar su lealtad superficial a los Baratheon.

Por lo tanto, el príncipe Doran mandó una misión secreta a Braavos. Una que, por suerte, traería de vuelta al joven pretendiente a Poniente y comenzaría la contrarrevolución Targaryen:

El pergamino estaba escrito en la lengua común. La reina lo desenrolló despacio y estudió los sellos y las firmas. El corazón se le aceleró un poco cuando leyó el nombre de ser Willem Darry. Lo leyó una y otra vez.
—¿Podemos saber qué dice, alteza? —pidió ser Barristan.
—Se trata de un pacto secreto —respondió Dany—, sellado en Braavos cuando yo era pequeña. Ser Willem Darry, el caballero que nos sacó a mi hermano y a mí de Rocadragón antes de que nos atrapasen los hombres del Usurpador, lo firmó en nuestro nombre. El príncipe Oberyn Martell lo firmó en nombre de Dorne, con el Señor del Mar de Braavos como testigo —le tendió el pergamino a ser Barristan para que lo leyera—. Estipula que la alianza ha de sellarse con un matrimonio. A cambio de la ayuda de Dorne para derrocar al Usurpador, mi hermano Viserys debía tomar como reina a Arianne, la hija del príncipe Doran.

danza de dragones, daenerys vii

 

Para ser justos con el Príncipe de Dorne, este paso del plan se había manejado bien. El príncipe Oberyn podía viajar a Essos sin atraer mucho la atención del Trono de Hierro. A lo largo de su vida, el príncipe Martell había cruzado el Mar Angosto hasta las Ciudades Libres. Incluso se hizo soldado en las Tierras de la Disputa y montó una temporada con los Segundos Hijos antes de empezar su propia compañía mercenaria. Elegir a Oberyn, cuyo ferviente deseo de vengar a Elia ya se había demostrado de forma dramática, permitió a Doran tener un representante para el pacto dedicado a la causa y capaz de visitar al pretendiente Targaryen sin ser percibido por el régimen Baratheon —y, para el probable alivio de Doran, alejar al impulsivo príncipe de Dorne, donde había instigado una rebelión prematura que, en otras circunstancias, podría haber supuesto el final de los Martell. Asimismo, Oberyn o Doran (o quizás Willem Darry) había convencido al Señor del Mar de Braavos para que testificara el pacto. Un detalle diplomático importante, dando al acuerdo el peso de la posiblemente más rica y poderosa ciudad-estado de Essos. Tal vez Oberyn, con sus destrezas marciales y su currículum de servicio militar por Essos, había impresionado a un gobernante cuyas tradicionales Primeras Espadas eran famosos guerreros. Quizás el Señor del Mar vio una ventaja en aliarse con Dorne, previniendo por lo tanto que el principado formara una alianza triarcal con Lys, Myr y/o Tyrosh más adelante. Ser Willem Darry, firmando por el pequeño rey, había sellado el trato, añadiendo otra firma noble ponienti a un documento de formidable potencial diplomático.

Viserys y Daenerys en la casa de la puerta roja en Braavos

La casa con la puerta roja, por sabotensan

No puede saberse cuándo se firmó este documento. Daenerys dice que era una niña pequeña cuando se hizo el pacto, pero teniendo en cuenta que sólo tenía cinco años cuando ella y su hermano se fueron de Braavos, su declaración hace poco por concretar la cronología. Por lo tanto, uno no puede juzgar cuánto (o qué poco) estaba haciendo Doran para prepararse para el esperado desembarco del grupo Targaryen y la subsecuente rebelión. Sin embargo, un evento cambiaría el plan original —y, aunque nadie podría haberlo imaginado, todas las ambiciones del príncipe Doran con el joven Viserys.

Tras cinco años en el exilio, Ser Willem Darry murió. Viserys y su hermana, en resumidas cuentas, fueron echados de su hogar braavosi y el poco dinero que les quedaba fue robado por sus antiguos sirvientes. Viserys, de tan solo 13 años, había tenido muy poca educación política; y sin una fuerte figura paterna que los guiara a él y su hermana e instruyera a Viserys en su regio destino, los dos niños tenían pocas expectativas de reclamar los Siete Reinos para la Casa Targaryen. Ser Willem y sus ayudantes posiblemente habrían traído poco de Rocadragón. Y, aparte de un par de tesoros, los expatriados reales no tenían dinero, dirección ni la educación o experiencia para manejar el inesperado y solitario estado en que se encontraron.

Uno podría haber esperado en este momento que Doran intervendría para aliviar la situación de los Targaryen. Dorne no era un reino rico, pero Doran presumiblemente tenía bastantes riquezas para financiar a dos niños con relativas comodidades en el extranjero. Alternativamente, los contactos en Essos de Doran y Oberyn posiblemente no desaparecieron en el máximo de cinco años que habían pasado desde que se firmó el pacto. La princesa Mellario podría o no haber vuelto ya a Norvos en este momento. Pero, en cualquier caso, su familia política [de Doran] norvoshi podría haber sido persuadida para establecer una morada modesta que acogiera a los exiliados Targaryen. De forma similar, aunque el Señor del Mar supuestamente no hubiera visto beneficios en que Braavos siguiera apoyando a los regios pretendientes ponientis (o hubiera sido reemplazado), el continuado interés dorniense en la intriga podría haber demostrado que había mejores ganancias que obtener de seguir con el acuerdo que abandonando a los Targaryen a su suerte —especialmente si Dorne amenazara con aliarse con alguna de las Ciudades Libres rivales de Braavos para respaldar el pretendiente Targaryen./p>

Quizás de forma más obvia, la Princesa Arianne seguía siendo una pieza viable para jugar. Y de hecho, Doran había considerado usarla por un tiempo:

Cuando me subía a los hombros de Garin, nadie nos podía derrotar, ni siquiera Nym y aquella niña tyroshi del pelo verde.
—La niña del pelo verde era la hija del arconte. Tenía que haberte enviado a Tyrosh en su lugar. Habrías servido como copera del arconte y habrías conocido en secreto a tu prometido, pero tu madre amenazó con hacer una locura si le arrebataba a otro de sus hijos. No quise herirla.

festín de cuervos, la princesa en la torre

 

Presuntamente, la hija del arconte aún era pupila en los Jardines del Agua —una conclusión probable, ya que en el 289 DC Arianne tenía 11 o 12 años, edad en que las niñas aún jugaban en las piscinas de los Jardines. Doran podría haber elegido este momento para mandar a su única hija a Tyrosh, para completar su pacto de unir ambos hogares. Cierto, Arianne era en ese momento mayor de lo habitual para una copera noble, pero no tan mayor como para que su misión hubiera sido advertida (o que fuera motivo de preocupación) en la corte Baratheon. Mandar a Viserys y Daenerys a Tyrosh sin que nadie se enterara hubiera sido ligeramente más complicado; pero de nuevo, no imposible. El príncipe Oberyn ya había demostrado su disposición a actuar como representante de la restauración Targaryen dorniense (y la aparente falta de atención que su viaje a Braavos levantó en la capital), y sus conexiones con las Ciudades Libres eran bien conocidas. Con su reputación para unirse a compañías de mercenarios en Essos ya establecida, ¿quién cuestionaría que el impulsivo hermano pequeño del Príncipe de Dorne fuera de nuevo a Essos a buscar nuevas aventuras? No está claro hacia dónde imaginaba Doran que iba entonces el plan —era bastante fácil que Arianne conociera a su prometido Viserys de incógnito en Tyrosh, pero era más complicado traer a la princesa Martell y a los Targaryen de vuelta por el Mar Angosto y empezar una revolución—, pero al menos posible hacer lo que el príncipe había previsto hasta ese punto para asegurar la ascensión de Viserys como rey y el destino de Arianne como reina.

Sin embargo, Doran no hizo nada. Su excusa (que Mellario, indignada por el reciente acogimiento de Quentyn en Palosanto, no permitiría que su única hija fuera al otro lado del Mar Angosto por un periodo indefinido) se tambalea ante una alternativa obvia. Si Mellario estaba tan empeñada en no perder otro hijo por el concepto extranjero del pupilaje, ¿por qué no enviar juntas a madre e hija a las Ciudades Libres? La familia noble de Mellario seguramente habría tenido espacio para ella y su hija Martell en Norvos, y para Oberyn hubiera sido posiblemente tan fácil llevar a Viserys a Norvos como llevarlo a Tyrosh. Si Mellario se negó a la idea por motivos políticos, Doran no dijo nada de esta queja; su justificación fue puramente personal.

Viserys Targaryen

Viserys Targaryen, por arienzio

Desafortunadamente para los Targaryen, las explicaciones personales del Príncipe de Dorne no les ayudaron en una tierra extranjera a sus costumbres y desfavorable a su causa. La cordura de Viserys decayó gravemente durante la casi década que él y Daenerys tuvieron que vagabundear en Essos. El que sería rey se pasó de ser un niño que podría haber sido una figura decente para una contrarrevolución a ser una figura desconfiada y cruel, aterrorizada de tener los cuchillos del Usurpador a sus espaldas. Para el momento en que Viserys y Daenerys encuentran la protección de Illyrio, el pretendiente Targaryen había llegado al punto más bajo de la desesperación. Desesperación que podría haberse evitado años antes si el Príncipe de Dorne hubiera usado alguna de sus conexiones en Essos para mantener a los Targaryen fuera de la pobreza y les hubiera dado tan siquiera un mínimo de comodidades. La causa Fuegoscuro había estado viva por más de medio siglo gracias en parte a tener una base y conexiones familiares en Tyrosh, adonde siempre podía volver cuando Poniente demostrara no estar dispuesta a apoyar al dragón negro. La causa Targaryen, por contraste, estaba a punto de derrumbarse después de ni siquiera diez años sin ayuda ajena, incluso de aquellos que habrían felizmente acogido su vuelta.

El segundo plan: La reina Daenerys I Targaryen y el rey consorte Quentyn Martell

Hacia el 300 DC, el primer plan había fracasado definitivamente. Debido a la falta de iniciativa del propio Doran, el Rey Mendigo había muerto miserable y solo en Vaes Dothrak. Arianne no estaba más cerca de ser reina en Desembarco del Rey de lo que estaba cuando nació y un rey Baratheon (o reconocido como Baratheon, al menos) se sentaba en el Trono de Hierro de los señores dragón. Un rey Targaryen no iba a sentarse en el Trono de Hierro en el futuro próximo, pero los Martell aún querían venganza por Elia y ver a la “verdadera” Casa Real tomar de nuevo el poder. Daenerys, la última Targaryen legítima, era lo mejor que podía hacer Doran, y en ella enfocó sus energías.

Daenerys Targaryen, por arienzio

En cierto modo, Daenerys era una sugerencia incluso más atractiva que la que había sido su hermano. Donde Viserys nunca había reunido una coalición para tomar de vuelta los Siete Reinos (incluso los dothraki que “compró” no se esforzaron por empezar una invasión hasta que hubo muerto, y los mercenarios simplemente se burlaban de sus ambiciones), Daenerys había conseguido un formidable ejército de Inmaculados, dothrakis y compañías mercenarias. Mientras que el título de Viserys había sido una cortesía entre sus pocos seguidores, Daenerys era una reina de verdad —aunque solo reina de Meereen. Lo que es más importante, Daenerys había hecho lo que ningún Targaryen había conseguido en muchísimo tiempo: había incubado tres dragones, los cuales se hacían portentos más grandes cada día. Aegon el Conquistador y sus hermanas habían usado tres dragones para ganar un reino, y su descendiente Daenerys parecía preparada para hacer lo mismo, si tan solo pudiera ser persuadida a abandonar Meereen.

Convenientemente, Doran tenía de nuevo un peón entre sus hijos, a quien podía ofrecer para ser un consorte Targaryen: Quentyn Martell. Cierto, el chico tenía menos encantos físicos que su hermana mayor. Mientras que Arianne era, sin lugar a dudas, hermosa y podía ser seductora, Quentyn era simple y callado, rara vez reía y tenía apariencia poco atractiva. Aún así, como Arianne años antes, lo que Quentyn sería para Daenerys no era simplemente una personalidad o una cara. El príncipe Quentyn traería la (exagerada) promesa de 50.000 espadas dornienses preparadas para luchar y morir por poner a su reina en su legítimo trono, siempre y cuando la agradecida reina Daenerys tomara al joven Quentyn como su marido y rey consorte.

El “porqué” de ese plan se había establecido años antes; e incluso ahora, el “cómo” podría parecer obvio. No es raro que chicos ponientis jóvenes vayan de viaje a las Ciudades Libres, presuntamente para mejorar sus conocimientos sobre la historia valyria, el Alto Valyrio y las culturas de Essos más allá de lo que los maestres podían ofrecer —parecido a cómo los jóvenes europeos de nuestro mundo iban de viaje por el continente para ver el arte y la arquitectura clásica. Quentyn a los 18 estaba en la edad ideal para hacerlo— comparado con Tyrion, quien a los 16 pidió en vano ir a las Ciudades Libres como sus tíos Lannister habían hecho a su edad. Su tío Oberyn había viajado por las Ciudades Libres en su juventud: seguro que otro príncipe Martell podía hacer lo mismo. Cualquier número de jóvenes nobles dornienses podrían también acompañar al Príncipe Quentyn en su viaje al este, continuando con su propia educación sin ninguna atención ni comentario de Desembarco del Rey.

Ciertamente, Quentyn tenía incluso más oportunidades que otros chicos de su edad de hacer tal viaje. Su madre Mellario, alejada de su marido, hacía tiempo que había vuelto a su Norvos natal furiosa porque Doran usara el pupilaje de Quentyn para pagar su deuda de sangre con los Yronwood. Seguro que Lady Mellario, tan contraria a la idea de que se le quitara a su hijo, recibiría a Quentyn y los acompañantes que eligiera llevar consigo si se quedaba con ella en Norvos. El régimen Lannister-Baratheon apenas se molestaría con las noticias de un hijo —ni siquiera el heredero— del príncipe de Dorne haciendo la misma expedición que un gran número de ponientis de alta cuna hacían cada año y viviendo con su madre norvoshi. Sus aventuras en Essos no serían motivo de preocupación estatal. Cuanto más normal que pareciera el plan, menos interés tendría nadie en él.

La Ciudad Libre de Norvos podía entonces ser una base o un punto de partida para el trato de Quentyn con Daenerys —dependiendo de cómo la Princesa consorte de Dorne reaccionara a que su hogar fuera usado para las intrigas de su marido. También posiblemente, Doran habría mantenido sus antiguos contactos en Braavos y Tyrosh, y podría ser capaz de persuadir al Señor del Mar o arconte de permitir al joven príncipe Quentyn pasar una temporada en sus palacios. Desde Norvos, Braavos o Tyrosh (o incluso desde cualquier lugar en que Oberyn hubiera hecho contactos antes de su muerte), Quentyn habría podido entonces enviar un mensaje discreto a Daenerys diciendo que un representante de Dorne quería tratar con ella e invitarla a visitarlo a él y a sus acompañantes. Aunque no fuera muy impresionante en persona, estando instalado en una mansión de Essos y rodeado de la sangre más noble de Dorne, Quentyn habría parecido un verdadero príncipe Martell, un marido tan digno para esta Daenerys como su antepasado Maron lo había sido para la primera.

Quentyn Martell y sus acompañantes

Quentyn y sus camaradas, por Sasha Gladysh

Doran, sin embargo, decidió seguir el camino contrario. Un camino que terminaría (aunque nunca podría haberlo previsto) con la muerte en llamas de su hijo. Antes incluso de que Quentyn dejara Dorne, Doran arregló un pequeño círculo menos impresionante para acompañar a su hijo: Ser Cletus Yronwood, hijo de Lord Anders y amigo cercano de Quentyn; Ser Gerris Drinkwater, otro antiguo amigo del príncipe; Ser Archibald Yronwood, el primo de Cletus; Ser Willam Wells, un caballero de la Casa Wells; y el maestre Kedry, un experto en las culturas y lenguas de las Ciudades Libres. Cletus y el maestre eran buenas opciones para acompañar a Quentyn. Como hijo y posible heredero de la Sangre Regia, miembro de la Casa más grande después de la Casa Martell, Cletus podía demostrar que las dos mayores casas de Dorne deseaban que Daenerys fuera su reina. Tener un experto en Essos, además, podía ayudar a los chicos a navegar por las Ciudades Libres, aparte de añadir otra capa de normalidad a la operación. Unos jóvenes nobles dornienses de viaje definitivamente llevarían a tal maestre para interpretar para ellos la variedad de lenguas en Essos.

Aún si el plan final de Doran era convencer a Daenerys de los beneficios de aliarse con Dorne y tomar a Quentyn como su consorte, los representantes de Dorne eran todos juntos un triste arreglo. Doran podría haber descrito a los hombres junto a Quentyn, Cletus y el maestre como “tres de los mejores jóvenes caballeros de Lord Yronwood”; pero incluso esa descripción subraya lo poco preparados que estaban esos hombres para la misión. Ser Archibald era un extraño añadido, ya que la Casa Yronwood estaba mejor representada por el atractivo y dinásticamente más importante Cletus. La Casa de Ser Gerris, Drinkwater, estaba jurada a Yronwood, por lo que no aportaba una mejor autoridad que la que representaba Cletus. Sobre Willam Wells, nada se sabe sobre su origen o de su Casa, ni siquiera un blasón —aunque posiblemente la Casa Wells también esté jurada a los Yronwood. Juntos, no eran nada más que caballeros de servicio en Palosanto. Un lugar importante, seguro; pero no lo suficiente para impresionar a una mujer joven que era reina de hecho en el este y reina por derecho en el oeste.

Doran había fallado en la primera parte del segundo plan. Lo que importaba en la imagen política no era que los acompañantes de Quentyn fueran amigos personales, sino que Daenerys estuviera debidamente impresionada por la muestra del poder dorniense. Oberyn había aprendido esa lección:

—Para Su Alteza será un honor tener entre sus consejeros a un guerrero tan reputado como el príncipe Oberyn de Dorne —dijo Tyrion. «Esto va a hacer que corra sangre»—. Y vuestros nobles compañeros también son bienvenidos.
—Permitidme que os los presente, mi señor de Lannister. Ser Deziel Dalt, de Limonar. Lord Tremond Gargalen. Lord Harmen Uller y su hermano, Ser Ulwyck. Ser Ryon Allyrion y su hijo natural, Ser Daemon Arena, el Bastardo de Bondadivina. Lord Dagos Manwoody, su hermano Ser Myles y sus hijos Mors y Dickon. Ser Arron Qorgyle. Y por supuesto no me olvido de las damas. Myria Jordayne, heredera de Tor. Lady Larra Blackmont, su hija Jynessa, su hijo Perhos.

tormenta de espadas, tyrion v

 

Los acompañantes de Oberyn venían de algunas de las más ilustradas familias de Dorne, de casi la mitad de todas las familias juradas a los Martell, e incluía señores —y una señora— y herederos. Al traer a figuras tan notables con él a Desembarco del Rey (incluso si no se quedaban tras la boda), Oberyn había demostrado que Dorne no era un reino impotente sino un principado activo y vigilante, con su nobleza interesada en el gran juego político de Poniente. La boda del Rey Joffrey podría haber sido un día de triunfo para los Tyrell y sus aliados (tradicionalmente, no amigos de los dornienses) pero Oberyn les recordaría que Dorne tenía familias tan gloriosas como cualquier otro sitio del reino, y que el estado más sureño de Poniente no sería olvidado. Incluso Tyrion se dio cuenta de que la compañía que había traído para dar la bienvenida a los dornienses no había sido tan distinguida o formidable como la del Príncipe Oberyn.

Lo que es peor, Doran había sido un necio al arreglar el pasaje de Quentyn fuera de Dorne:

El príncipe Doran seguía fingiendo que el hermano de Arianne estaba con Lord Yronwood, pero la madre de Garin lo había visto en la Ciudad de los Tablones, haciéndose pasar por mercader. Uno de sus acompañantes tenía un ojo vago, igual que Cletus Yronwood, el chabacano hijo de Lord Ander. Con ellos viajaba también un maestre que dominaba varios idiomas.
«Mi hermano no es tan listo como cree. Un hombre listo de verdad habría partido desde Antigua, aunque el viaje fuera más largo. Probablemente, en Antigua nadie lo habría reconocido.» Arianne contaba con amigos entre los huérfanos de la Ciudad de los Tablones, y algunos habían tratado de averiguar por qué un príncipe y el hijo de un gran señor viajaban con nombre falso y buscaban pasaje para cruzar el mar Angosto

festín de cuervos, la hacedora de reinas

 

Siendo Ciudad de los Tablones el único puerto de Dorne, no era una sorpresa que la gente que Arianne conocía hubieran visto el poco disimulado grupo que abandonaba Dorne. La curiosidad de los amigos huérfanos de Arianne refleja directamente uno de los principales problemas de hace partir a Quentyn de esta forma: cuanto más encubierto intentara Doran realizar el plan, más ojos espías se preguntarían por la necesidad de tanto secretismo. Y cuanto más quisiera Doran mantener su intriga encubierta, más se escrutinaría. Si Doran hubiera anunciado abiertamente que Cletus y Quentyn iban a ir a Essos para unas largas vacaciones, a nadie le habría importado el progreso natural de los hijos de señores. En su lugar, Doran había intentado ser sigiloso, pero no había engañado a nadie.

Una vez al otro lado del Mar Angosto, Quentyn y su grupo fueron abandonados a las pruebas de Essos, una tierra extranjera y peligrosa asolada por la guerra; y la aventura resultante muestra cómo de mal lo había planeado Doran Martell. Durante el viaje, unos corsarios mataron al maestre y a dos de los acompañantes de Quentyn. Uno de los asesinados era Ser Cletus Yronwood, el otro único miembro verdaderamente notable del grupo, el único detrás de Quentyn que podía hacer plausible que Daenerys aceptara la acogida de la nobleza de Dorne. Estas muertes fueron un incidente evitable que le costaron a la misión de Quentyn el irremplazable peso dinástico.

La muerte de Quentyn Martell

El sol que se pone por el este, por Outlandidol

Incapaz de llegar a Daenerys a través de un barco mercante debido al bloqueo en Meereen tras la cancelación del comercio de esclavos, Quentyn y sus amigos restantes se unieron a una compañía mercenaria. Una tarea para la cual ninguno de los jóvenes caballeros estaba preparado, y en cuyo servicio cualquiera —y especialmente Quentyn— podría haber muerto en combate, y todo el plan se habría arruinado. Por pura suerte, los tres dornienses restantes fueron enviados en una misión de la compañía con Daenerys; pero incluso esta suerte no los seguiría. Debajo de una Daenerys en su alto trono, vestido con atuendo de mercenario, el simple Quentyn sencillamente no podría impresionar a la Reina de Meereen, sin importar los precontratos Targaryen-Martell que pudiera presentar. Lo que es peor, Daenerys ya estaba prometida a un noble meereense. Quentyn había arriesgado su vida y había visto morir a tres acompañantes para nada. Desesperado y no muy seguro de cómo proceder, Quentyn y sus dornienses trataron de robar uno o ambos de los dragones restantes de la reina, confiando en su ascendencia Targaryen para vincularse con uno. El resultado fue un final doloroso y llameante.

El tercer plan: las Serpientes de Arena en la capital

Doran había ahora perdido dos veces en su apuesta por restaurar a un Targaryen —con el consorte Martell apropiado— en el Trono de Hierro. Arianne siguió siendo la frustrada heredera de Dorne, y los pobres intentos de su padre por esconder el destino de Quentyn solo habían fomentado su rabia:

—¿Por qué no? Lo prefieres a él; siempre lo has preferido. Se parece a ti, piensa como tú, y tienes intención de entregarle Dorne. No te molestes en negarlo. Se lo decías en la carta. —Aún tenía las palabras exactas grabadas a fuego en la memoria—. «Algún día ocuparás mi lugar y gobernarás sobre todo Dorne», eso le escribiste. Dime, padre, ¿cuándo decidiste desheredarme? ¿El día en que nació Quentyn, o fue el día en que nací yo? ¿Qué hice para que me odiaras tanto?

festín de cuervos, la princesa en la torre

 

La excusa del príncipe Doran de por qué no le había contado su plan a Arianne —que su naturaleza habría hecho que se le escapara el secreto de su compromiso a sus primas bastardas y amigos en Dorne— no describe a un príncipe inteligente sino a un gobernante que no tiene confianza en su heredera. Arianne no era una simple hija, sino la futura Princesa de Dorne soberana. Y como tal, tenía derecho a esperar que su padre la instruyera en sus políticas. Si Doran no podía fiarse de ella a los 23 años, ¿cuándo imaginaba el Príncipe de Dorne que podría confiar en una mujer que, al menos durante el último año —con Viserys muerto y con él, el prospecto de que se convirtiera en Reina en vez de Princesa de Dorne—, estaba garantizado que tomaría su lugar algún día? El secretismo y la desconfianza de un padre hacia su heredero raras veces ha sido útil en una corte, como se ve en los reinados de Aegon IV y Aerys II.

Arianne Martell

La princesa en la torre, por Scredgirl

De hecho, Arianne transformó la frustración ante su supuesto robado derecho de nacimiento en un plan pobremente planeado —y aún peor ejecutado— para coronar a Myrcella Reina de los Siete Reinos. No se puede culpar a su padre  por los fallos de Arianne intentando jugar al juego de tronos; aunque aún así, el Príncipe Doran tuvo que cargar con el coste humano. Si se lo hubiera contado a Arianne, Ser Arys Oakheart de la Guardia Real podría no haber muerto, la inocente Myrcella podría no haber sido tan terriblemente herida y el peligroso Ser Gerold Dayne podría no haberse convertido en un forajido perseguido en las arenas de Dorne. Y, como mayor consecuencia, el propio Dorne se habría mantenido leal a posteriori.

Efectivamente, Arianne había tocado la vena bélica de muchos dornienses. Mantenidos fuera de la Guerra de los Cinco Reyes por el cuidadoso Doran y ansiosos por vengar al Príncipe Oberyn, los jóvenes dornienses pedían la guerra. Entre ellos, algunas de las hijas bastardas del fallecido príncipe. En particular, Nymeria Arena pidió muchas veces que se buscara venganza contra los Lannister que habían orquestado las muertes de Elia y sus hijos y que habían pasado por alto la muerte del Príncipe Oberyn.

A mí me basta con cuatro vidas: los mellizos dorados de Lord Tywin en pago de los hijos de Elia. El viejo león por Elia. Y, por último, el pequeño rey, por mi padre.

festín de cuervos, el capitán de los guardias

 

Nymeria promovía represalias no solo contra el hombre responsable de los asesinatos de la inocente princesa y sus hijos (él mismo ya estaba muerto), sino también para los de su linaje, deseando la destrucción de toda la podrida Casa Lannister. Tywin podía haber muerto a manos de Tyrion, pero los mellizos dorados de Lord Lannister todavía eran objetivos disponibles. Como lo era, peor aún, el pequeño rey Tommen Baratheon.

Doran estaba presente cuando Nymeria declaró esto en su corte. Ante estas declaraciones, uno podría esperar que Doran habría tratado de mantener a Nymeria lejos de la Corte para que no pudiera hacer daño a otro miembro inocente de la familia real. Doran tenía motivos para saber cómo de mortífera era Nymeria —y especialmente, cómo de escondido estaba su peligro, ya que solía llevar una docena de cuchillos ocultos en su persona que sabía usar de forma experta. En su lugar, Doran decidió enviar a Nymeria directamente al santuario interno de la corte de Tommen, su pequeño consejo:

[…] Tenemos que devolver a Myrcella a su madre, pero yo no voy a acompañarla. Tú serás quien vaya con ella, Nymeria. A los Lannister no les gustará, igual que no les gustó que les enviara a Oberyn, pero no se atreverán a negarse. Debemos tener una voz en el consejo y un oído en la corte. Pero ten mucho cuidado; Desembarco del Rey es un nido de víboras.
—Ya sabes que me encantan las serpientes, tío. —Lady Nym sonrió.

danza de dragones, el observador

 

Doran soltaría a una probada y peligrosa asesina en Desembarco del Rey, en el lugar exacto donde dos de las cuatro personas que ella listó querer muertas vivían y trabajaban. Doran podría haber creído genuinamente que el juramento con el que vinculó a las hijas adultas de Oberyn (servirle y hacer lo que ordenara) realmente limitaría sus acciones. Si lo hizo, era una esperanza estúpida, ya que Arianne comentó que incluso la joven Elia Arena, como todas las Serpientes de Arena, tenía sus propias ideas.

Nymeria, sin embargo, no sería la única Serpiente de Arena yendo a la capital:

—¿Y yo? —quiso saber Tyene.
—Tu madre era septa, y Oberyn me dijo una vez que ya en la cuna te leía pasajes de La estrella de siete puntas. También quiero que tú vayas a Desembarco, pero a la otra colina. La Espada y la Estrella se ha refundado, y el nuevo septón supremo no es una marioneta como los anteriores. Tienes que intentar acercarte a él.
—¿Por qué no? El blanco me sienta bien. ¡Me hace parecer tan… pura…!

danza de dragones, el observador

 

Con miles uniéndose a la revitalizada Fe Militante y a su agresivamente piadoso Gorrión Supremo, Doran vio el poder potencial que uno podía tener si uno se ganara el favor del Septón Supremo. Aún así, la mujer a la que ordenó acercarse al nuevo Septón Supremo era tan poco tímida sobre querer guerra y sangre como sus hermanas:

El príncipe Doran suspiró.
—Obara quiere que vaya a la guerra. Nym se conforma con unos cuantos asesinatos. ¿Y tú?
—Guerra —respondió Tyene—, pero no la de mi hermana. Los dornienses pelean mejor en casa, así que afilaremos las lanzas y esperaremos. Cuando los Lannister y los Tyrell nos ataquen, los desangraremos en los pasos y los enterraremos bajo las arenas, como hemos hecho ya cien veces.

festín de cuervos, el capitán de los guardias

 

Ni tampoco es Tyene una asesina menos apta que Nymeria:

El veneno es un arma sucia y traidora.
Lady Tyene sonrió al oírlo. Su vestido era verde y crema, con mangas largas de encaje, tan discreto e inocente que cualquiera pensaría que no había doncella más casta. Areo Hotah no se dejaba engañar. Sus manos blancas y suaves eran tan mortíferas como las manos encallecidas de Obara, o quizá más.

danza de dragones, el observador

 

Tyene puede haber adoptado un aire inocente, pero sus palabras demostraban su verdadero deseo de matanza y derramamiento sangre. Myrcella sería coronada junto a Trystane y la guerra estallaría sin lugar a dudas entre Dorne y sus enemigos Tyrell y Lannister. Y la sangre bañaría las arenas de Dorne. Aunque no tan personalmente criminal como su hermana, Tyene estaba igualmente ansiosa por la guerra y por el consecuente derramamiento de sangre. Con esa actitud, un lugar en la capital controlada por los Lannister y los Tyrell parecería exactamente lo que Doran no debería darle a Tyene. Y de nuevo, Doran parece dispuesto a usar a una mujer que tiene abiertamente deseos de guerra y que está especializada en métodos de asesinato sutiles para promover una estratagema política.

Si Nymeria y Tyene encontraran entonces la oportunidad de asesinar y derramar sangre y depusieran los planes políticos de Doran —como una vez Oberyn se aprovechó del juicio de Tyrion para vengarse él mismo del asesino de Elia, Gregor Clegane—, ¿dónde quedará la reputación de los dornienses? La venganza que las Serpientes de Arena esperan obtener se basa en el asesinato de Baratehon-Lannister inocentes. Si el pequeño rey muriera a manos dornienses, la sangre de un inocente mancharía de nuevo las manos  de aquellos que deseaban erradicar otro linaje real. Doran puede no querer las muertes de los Baratheon en Desembarco del Rey, pero ha permitido a dos mujeres de conocidas habilidades asesinas y sedientas de sangre internarse en el corazón del poder que desean derrocar.

Conclusión: ¿Cuarto plan?

Doran Nymeros Martell

El príncipe de Dorne, por Prince Doran

El Príncipe Doran Martell ha fallado en restaurar a un Targaryen en el Trono de Hierro durante casi 16 años. En cada caso, el fallo del plan es culpa del propio Doran. A través de la abrumadora inactividad, la pobre planificación logística y la auténtica ceguera ante las personalidades de sus peones, Doran ha permitido que cada oportunidad se le escape de las manos. Doran puede llamar a la restauración de los Targaryen el deseo de nuestros corazones, pero basándonos en sus acciones hasta ahora, el deseo de su corazón podría ser mejor calificado como el “leve interés de su corazón”.

Queda una esperanza para que Doran vea a un Targaryen restablecido. Las noticias de la muerte de Quentyn tienen que llegar a Dorne en algún momento. El final del príncipe Martell puede tergiversarse en el viaje y pasar de ser el estúpido intento de Quentyn de robar un dragón a una caprichosa Daenerys que, insatisfecha con su pretendiente, se lo da de comer a sus monstruosas mascotas. Sin embargo, incluso mientras esas noticias viajan, un joven clamando ser el hijo de Rhaegar, Aegon, está liderando una conquista por las Tierras de la Tormenta. Que Doran movilice a sus espadas para ayudar al supuesto hijo de Elia a tomar su legítimo trono parece probable. Que esa intriga acabe con un derramamiento de sangre aún mayor parece seguro.

Fuente original: The Windblown Grass

Traducción por: Ashara Brox

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