Nos reunimos un domingo más alrededor de la hoguera en nuestra ya tradicional Consulta en los Fuegos. Avivemos las llamas mientras escuchamos el susurro de una pregunta para escrutar después en su luz la promesa de una respuesta. ¿Qué portentos y señales veremos hoy en ellas? Pues recordad:

¡¡¡TODOS SOMOS EXPERTOS EN MAYOR O MENOR MEDIDA!!!

En esta ocasión, traemos una nueva entrega extraordinaria. Todas las cuestiones, ya sean grandes o pequeñas en extensión, hacen por igual posible esta sección que vive y crece gracias a todos vosotros. Para ello, tan solo es necesario hacer llegar un cuervo a: clbraavos@gmail.com ¡Señor de la Luz, danos Sabiduría!

Sobre Campeones del Torneo y Reinas del Amor y de la Belleza

— Wilma Deering —

De entre todos los interrogantes que encontramos en el pasado reciente de la saga, quizás el que se ve rodeado de un mayor halo de misterio sea el Torneo de Harrenhal. Si bien muchos apuntan a una motivación política de Rhaegar para su organización, hay un hecho que parece confundir y desviar cualquier conversación sobre el tema. Si todo estaba listo y preparado para conspirar contra Aerys II, ¿por qué Rhaegar echó a perder una oportunidad única al coronar a Lyanna Stark como Reina del Amor y de la Belleza en lugar de a su propia esposa, la princesa Elia de Dorne? ¿Fue un desvío ocasionado por la pasión y las profecías? ¿O también aquello formaba parte de un plan trazado de antemano? Con los pocos datos sobre la mesa de que disponemos, a veces se hace complicado aventurar posibilidades. Sin embargo, hoy dejaremos que sean otros personajes de la saga los que nos hablen sobre el tema.

Torneo de Harrenhal, por Paolo Puggioni

La primera vez que sabemos de lo ocurrido en Harrenhal es a través de los recuerdos de Lord Eddard Stark, hermano de Lyanna. Empañados por el dolor de la pérdida, éstos parecen apuntar a un abuso de poder del príncipe Targaryen. Un capricho que un año después llevaría a Rhaegar a raptar a la doncella norteña y dar inicio así a una reacción en cadena que llevaría a Poniente a una guerra civil. El conflicto terminaría con el fin de la dinastía Targaryen y el ascenso al trono de Robert Baratheon, el prometido de la propia Lyanna.

Después no pudo establecer la diferencia entre estar dormido y despierto. El recuerdo se acercaba a él a hurtadillas en la oscuridad, vívido como un sueño. Fue el año de la falsa primavera, él volvía a tener dieciocho años; había bajado del Nido de Águilas para asistir al torneo de Harrenhal. Veía el verde intenso de la hierba y olía el polen en el viento. Días cálidos, noches frescas y el sabor dulce del vino. Recordó la risa de Brandon, y el valor loco de Robert en el combate cuerpo a cuerpo, su manera de reír mientras descabalgaba a sus adversarios a diestro y siniestro. Recordó a Jaime Lannister, un joven con armadura blanca, de rodillas en la hierba ante el pabellón de su rey, jurando proteger y defender al rey Aerys. Después, Ser Oswell Whent lo ayudó a ponerse en pie, y el Toro Blanco en persona, el Lord Comandante Ser Gerold Hightower, le abrochó la capa nívea de la Guardia Real. Luego los seis Espadas Blancas dieron la bienvenida a su nuevo hermano.

Pero, cuando empezó la justa, Rhaegar Targaryen fue el protagonista. El príncipe coronado llevaba la misma armadura que luciría el día de su muerte: negra, deslumbrante, con el dragón tricéfalo de su Casa dibujado con rubíes sobre la coraza. La capa de seda escarlata le ondeaba a la espalda al cabalgar, y parecía que no había lanza capaz de tocarlo. Brandon cayó ante él, y también Bronze Yohn Royce… y hasta el espléndido Ser Arthur Dayne, la Espada del Amanecer.

Robert había estado bromeando con Jon y con el anciano Lord Hunter mientras el príncipe daba la vuelta al campo de justas tras desmontar a Ser Barristan en el último combate por la corona del campeón. Ned recordó claramente el momento en que todas las sonrisas murieron, cuando el príncipe Rhaegar Targaryen espoleó su caballo, pasó de largo por donde estaba su esposa, la princesa de Dorne, Elia Martell, para poner el laurel de reina de la belleza en el regazo de Lyanna. Aún era capaz de visualizarlo: una corona de rosas invernales, azules como la escarcha.

Ned Stark extendió la mano para coger la corona de flores, pero bajo los pétalos azules había espinas escondidas. Sintió cómo se le clavaban en la piel, agudas, cruentas. Vio el reguero de sangre que le brotaba de los dedos, y despertó tembloroso en la oscuridad.

—Prométemelo, Ned —le había susurrado su hermana en su lecho de sangre.
A ella le encantaba el aroma de las rosas invernales.
—Los dioses me guarden —sollozó Ned—. Me estoy volviendo loco.
Los dioses no se dignaron responder.

juego de tronos, eddard xv

 

La locura pareció gobernar a muchos aquellos días, simbolizada más que nunca por el monarca que se sentaba en aquel momento en el Trono de Hierro. Pero ¿fue realmente así o los protagonistas se están dejando llevar por el dolor de lo que vino después? ¿Es posible que, más allá de un primer indicio del rapto posterior, la motivación inicial fuera otra muy distinta? Exactamente, ¿qué implicaciones tiene que el Campeón del Torneo elija a una u otra dama como Reina del Amor y de la Belleza?

Observemos otros casos similiares para intentar desentrañar el misterio.

Se llamaba Lynesse. —El rostro del caballero se había tornado impenetrable.
—¿Vuestra esposa?
—Mi segunda esposa.
«Le duele hablar de ella», advirtió Dany. Pero quería saber la verdad.
—¿Eso es todo lo que me vais a decir de ella? —La piel de león se le resbaló por un hombro, y volvió a ponérsela en su sitio—. ¿Era hermosa?
—Muy hermosa. —Ser Jorah apartó los ojos de su hombro para mirarla a la cara—. La primera vez que la vi me pareció una diosa que hubiera descendido a la tierra, como si la propia Doncella se hubiera hecho carne. Era de cuna mucho más elevada que yo, era la hija pequeña de Lord Leyton Hightower, de Antigua. El Toro Blanco, que comandaba la Guardia Real de vuestro padre, era su tío abuelo. Los Hightower son una familia antigua, muy rica y orgullosa.
—Y leal —dijo Dany—. Recuerdo que Viserys me contó que los Hightower fueron de los pocos que permanecieron fieles a mi padre.
—Así fue —asintió él.
—¿Vuestros padres arreglaron el compromiso?
—No. Nuestro matrimonio… Bueno, es una historia muy larga y aburrida, Alteza. No quisiera importunaros con ella.
—No voy a ninguna parte —dijo Dany—. Por favor.
—Como ordene mi reina. —Ser Jorah frunció el ceño—. Mi hogar… Para comprender el resto tengo que explicaros cómo es. La Isla del Oso es muy bella, pero aislada. Imaginad un paisaje de robles nudosos y pinos altos, espinos en flor, piedras grises cubiertas de musgo y arroyuelos de aguas heladas que se despeñan por las laderas de las montañas. Nuestra casa era de grandes troncos, y estaba rodeada por una empalizada de barro. Aparte de unos cuantos aparceros, los míos vivían en el litoral y se dedicaban a la pesca. La isla está muy al norte, y nuestros inviernos son mucho más terribles de lo que podáis imaginar, khaleesi.

»Pero la isla era suficiente para mí, y nunca me faltaron mujeres. Tuve a muchas hijas de pescadores y aparceros, antes y después de casarme. Contraje matrimonio muy joven, con la esposa que eligió mi padre, una Glover de Bosquespeso. Estuvimos casados diez años, más o menos. Era una mujer de rostro vulgar, pero buena. En cierto modo llegué a quererla, aunque nuestras relaciones eran más deferentes que apasionadas. Tuvo tres abortos mientras trataba de darme un heredero. No llegó a recuperarse del último, y poco después falleció.
—Lo siento mucho —dijo Dany mientras ponía una mano sobre la del hombre y se la apretaba.
Ser Jorah asintió.
—Para entonces, mi padre ya había vestido el negro, así que yo era señor de la Isla del Oso por derecho propio. No me faltaron ofertas de matrimonio, pero antes de que pudiera tomar una decisión, Lord Balon Greyjoy se rebeló contra el Usurpador, y Ned Stark convocó a sus vasallos para acudir en ayuda de su amigo Robert. La batalla definitiva se libró en Pyke. Cuando las catapultas de Robert abrieron una brecha en los muros del rey Balon, el primero en irrumpir fue un sacerdote de Myr, pero yo lo seguía de cerca. Así me gané el rango de caballero.

»Para celebrar la victoria, Robert ordenó que se organizara un torneo en las afueras de Lannisport. Allí fue donde vi a Lynesse, una doncella que tenía la mitad de mis años. Había llegado de Antigua con su padre para ver a sus hermanos en las justas. No pude apartar los ojos de ella. En un ataque de locura, le pedí una prenda para llevarla durante el torneo, sin atreverme a soñar que me la concedería. Pero lo hizo.

»Soy un buen luchador, khaleesi, aunque los torneos no son lo mío. Pero, con la prenda de Lynesse atada a mi brazo, me transmuté. Gané justa tras justa. Lord Jason Mallister cayó ante mí, así como Bronze Yohn Royce. Ser Ryman Frey, su hermano Ser Hosteen, Lord Whent, el Jabalí, hasta el propio Ser Boros Blount de la Guardia Real. Los desmonté a todos. En el último encuentro, rompí nueve lanzas contra Jaime Lannister, sin resultado. El rey Robert me otorgó a mí el laurel del vencedor. Coroné a Lynesse reina del amor y la belleza, y aquella misma noche fui a hablar con su padre para pedirle su mano. Estaba borracho de vino y de gloria. Por lógica debería haberme respondido con desprecio, pero Lord Leyton aceptó mi oferta. Nos casamos allí mismo, en Lannisport, y durante dos semanas fui el hombre más feliz del mundo.

choque de reyes, daenerys i

 

He de reconocer que hay algo que me llamó poderosamente la atención en la historia de Jorah y Lynesse durante la relectura. El propio Jorah reconoce que los Mormont son de rango muy inferior a los Hightower y que él mismo se sorprendió cuando el padre de Lynesse aceptó otorgarle su mano. De hecho, fue precisamente esta diferencia la que al final provocó la ruptura del matrimonio: Lynesse estaba acostumbrada a un tren de vida al que Jorah no podía responder y no consiguió adaptarse a la austeridad de la Isla del Oso. ¿Es que Lord Leyton se había vuelto loco? ¿Cómo pudo permitir un matrimonio tan poco ventajoso para su hija y para su casa?

—¿Lo querías? —se oyó preguntar Jaime.
Su tía le lanzó una mirada de extrañeza.
—Tenía siete años cuando Walder Frey convenció a mi señor padre para que le entregara mi mano a Emm. A su segundo hijo, ni siquiera a su heredero. Mi padre era el tercer hijo, y los niños buscan la aprobación de los adultos. Frey vio este punto débil, y mi padre accedió sin más motivo que el de complacerlo. Mi compromiso se anunció en un banquete al que asistía la mitad de Occidente. Ellyn Tarbeck se echó a reír, y el León Rojo salió de la estancia hecho una furia. Los demás se quedaron sentados y en silencio. El único que se atrevió a oponerse al compromiso fue Tywin. Un niño de diez años. Nuestro padre se puso blanco como la leche de yegua, y Walder Frey temblaba, en serio. —Sonrió—. Después de aquello, ¿cómo no iba a quererlo? No significa que aprobara todo lo que hacía, ni que me gustara mucho estar con el hombre en que se convirtió… Pero toda niñita necesita un hermano mayor que la proteja. Tywin era grande hasta cuando era pequeño. —Dejó escapar un suspiro—. ¿Quién nos protegerá ahora?

festín de cuervos, jaime v

 

Jorah Mormont, por Julia Alex

Como podemos ver, otros personajes estarían de acuerdo. Ese matrimonio estaba completamente fuera de lugar, una oportunidad perdida. Otros señores se habrían quedado mudos de estupor ante la aceptación de tal ofrecimiento, tal y como ocurrió cuando se hizo público el compromiso entre Genna Lannister y Emmon Frey. ¿Acaso es Lord Leyton Hightower tan débil de carácter como fue en su día Lord Tytos Lannister?

Bien, pues una opción que quizás nos justifique este desaguisado sea… La tradición. El propio Jorah nos cuenta que pidió la mano de Lynesse la misma noche del torneo. Pero como norteño, quizás incurrió en un equívoco: la tradición caballeresca propia de los Ándalos, unida a la Fe de los Siete, no es seguida en el Norte donde continúan siendo fieles a los Antiguos Dioses. Él mismo se ganó el rango de caballero por sus méritos en la toma de Pyke, como algo totalmente extraordinario. Es posible que, sin saberlo, hiciera un ofrecimiento al padre de la novia que con motivo de ciertas normas éste no le podía negar.

Rhaella Targaryen, por Bella Bergolts

¿Puede ser por esto que Rhaegar coronara a Lyanna? Recordemos que una de las dificultades que se presentaron durante el torneo, si hemos de creer la teoría de la conspiración fue que, contrariamente a su costumbre, Aerys II acudió y estuvo presente en Harrenhal, intentando controlarlo todo, según consejo de Varys. ¿Fue una estrategia de Rhaegar para acercarse a los Stark? Si es así, ¿de dónde sacó semejante idea?

Si indagamos un poco más en la historia, podemos encontrar que la idea la pudo sacar… De su propia madre, la reina Rhaella:

—Decidme —inquirió Dany cuando el cortejo se encaminó hacia el templo de las Gracias—, si mis padres hubiesen sido libres para hacer lo que les dictaba el corazón, ¿con quiénes se habrían casado?
—Eso pasó hace mucho tiempo. Vuestra alteza no habrá oído hablar de las otras personas.
—Pero vos sí. Contádmelo.
El anciano caballero inclinó la cabeza.
Vuestra madre, la reina, siempre fue consciente de sus obligaciones. —Estaba muy atractivo con su armadura de oro y plata, con la capa blanca ondeando desde sus hombros, pero por su voz era obvio que lo pasaba mal, como si cada palabra fuese una piedra que debía tragarse—. De joven, sin embargo… En cierta ocasión, se enamoró de un joven caballero de las tierras de la tormenta que portó su prenda en un torneo y la nombró reina del amor y la belleza. No duró mucho.
—¿Qué pasó con el caballero?
—Dejó la lanza el día en que vuestra señora madre se casó con vuestro padre. Después se volvió muy piadoso, y se le oyó decir que solo la Doncella podía reemplazar a la reina Rhaella en su corazón. Su romance era imposible, por supuesto. Un caballero hacendado no es consorte digno de una princesa de sangre real.

danza de dragones, daenerys vii

 

¡Oh! ¿Qué pudo pasar aquí? ¿Por qué parece tan apenado Ser Barristan? ¿Quizás se obró mal con el buen Ser Bonifer Hasty? ¿O fue la propia Rhaella quien tuvo la oportunidad de elegir? Teniendo en cuenta lo poco que sabemos de su padre, Jaehaerys II, parece poco probable. El rey se había propuesto casar a sus dos hijos, creyendo que de ellos nacería precisamente el Príncipe que fue Prometido. Sin embargo, ese “no duró mucho” parece extraño. Quizás Bonifer no osó llegar tan lejos como para hacer una propuesta de matrimonio pero sí para tener la oportunidad de acercarse a Rhaella, algo inusual para un caballero de su rango. Quizás fue Rhaella quien, tal como dice Barristan, siempre consciente de sus obligaciones, rechazara al caballero. Tras la simple frase de un personaje puede haber toda una historia esperando pacientemente para ser contada.

En todo caso, años después el príncipe Rhaegar, el hijo de la reina Rhaella, intentó una treta similar para estar cerca de una doncella norteña, quizás inspirado por la historia de su propia madre.

Y vosotros, leales, ¿qué pensáis? ¿Fue realmente una decisión provocada por la pasión y las profecías? ¿O bien fue con motivo de conseguir acercarse a los Stark usando como excusa una tradición que permitía al Campeón del Torneo solicitar una prenda de la Reina del Amor y de la Belleza? ¿Os habíais planteado alguna vez por qué Lord Leyton dio su consentimiento a la boda de Jorah con su hija?

 

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